OLLADAS | O |
29 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.AMPARO ES el ejemplo conocido, la historia concreta, el extremo de un largo cabo que une muchas vidas con algo en común. Amparo es esa cara de mujer morena, de negrísimo cabello, de voz suave y melosa que habla con infinito respeto, como pidiendo permiso. Amparo es también esa mujer sola, sin hombre en su vida, llegada a una ciudad para ella incierta. Amparo es valerosa, no tiene miedo al trabajo ni al sacrificio inmenso para poder hallar cada día un plato y descansar sobre un colchón. Amparo no habla de Colombia, a la que añora pero a la que, "quiéralo Dios algún día", sólo volverá si una vida mejor se lo permite. Tras de sí arrastró hasta Vigo a alguna hermana, y a una hija con su nieta, porque el valor siempre tiene un límite y la soledad es dura: ahora se siente ella misma otra vez. Amparo tiene papeles pero renunció a su empleo hace unas pocas semanas a fuerza de trabajar sin descanso y de no saber lo que es librar durante más de dos años. Amparo quiere vivir, quiere sudarse el jornal como empleada del hogar, pero espera también asueto en las fiestas de guardar. Amparo no critica y agradece a Vigo lo que tiene, aunque sabe lo que implica ser inmigrante sin medios ni formación en una sociedad moderna. Como ella, otras muchas colombianas, dominicanas, rumanas o marroquíes pululan por nuestras calles buscando su oportunidad. Un arco iris étnico donde también hay argentinos, lituanos, cubanos o magrebíes. Y es de esperar que Vigo, que no hace tanto vivió su propia diáspora, acoja siempre a esta sociedad plural con sentido de la historia y de la justicia.