Vigo coge el tren

VIGO

Reportaje | La conquista de las infraestructuras Hasta iniciada la década de los años ochenta del siglo XIX, la ciudad no logra abrir una línea férrea con Ourense tras fuertes rivalidades sobre el trazado

05 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

En la madrugada del 28 de junio de 1876, una locomotora realizaba en solitario el primer recorrido de prueba a lo largo de los nueve kilómetros de tendido férreo que separan Vigo de Chapela. Aquel primer silbar de la máquina de vapor no fue nada fácil de lograr, como casi siempre ocurre en esta ciudad. Al igual que había ocurrido con otras cuestiones, como la capitalidad provincial o la liberalización de los puertos marítimos, la rivalidad entre las ciudades gallegas fue uno de los primeros obstáculos que se le plantearon a los defensores de la llegada del ferrocarril a Vigo. Incluso, como causó polémica hace unos años cuando se empezó a hablar de la alta velocidad, en el siglo XIX ya habían surgido voces que defendían la unión férrea con la meseta, dejando al margen el Sur de Galicia. También como ahora, Vigo defendía la doble conexión con Ourense y Oporto, mientras que los tramos Vigo-Pontevedra se consideraban de segunda importancia. Ésta, fue finalmente la opción elegida, el ferrocarril que recorría de norte a sur Galicia paralelo a la costa. Sin embargo, Vigo se quedó sin el privilegio de ser la primera ciudad en contar con el ferrocarril, ya que la primera línea acabó de tenderse en el año 1873 entre Carril y Compostela, que para algo el Apóstol suele acudir a los baños a la ría de Arousa. Curiosamente, el Estado encargó a esta empresa, el Ferrocarril Compostelano, el estudio técnico de la línea de conexión entre Carril y Pontevedra, así como el enlace en Redondela con la línea Vigo-Monforte. Volviendo a los inicios de las obras de conexión férrea con el resto del mundo, el 17 de marzo de 1881 se inauguran los trabajos de conexión entre Pontevedra-Redondela. Estas obras concluyen en 1884, quedando ya conectadas desde entonces las ciudades de Vigo y Pontevedra, con un precio del billete de 1,65 pesetas. Siete pesetas a Ourense Pocos días después del inicio de las obras del tramo Redondela-Pontevedra, el 18 de junio de 1881, se inaugura la línea Vigo-Ourense, la puerta de salida de la ciudad hacia la Meseta. Dicen las crónicas que fue a las 6.40 horas cuando arrancó una locomotora acompañada por tres vagones con destino a la ciudad de Las Burgas. José María Álvarez Blázquez, cronista de Vigo hace unas décadas explica el libro Vigo en el siglo XIX que fue un viaje lúdico el que recorrió aquel tren, engalanado con gallardetes, deteniéndose en todos los apeaderos que tenía la línea. Ya en Ourense una multitud se agolpaba en torno a la estación, e incluso los periódicos de ambas ciudades publicaron ediciones especiales, no en vano, 18 años de obras y 25 desde el proyecto inicial había sido el período de espera. El billete costaría en este primer momento 7,25 pesetas. El ferrocarril suscitó, en el último tercio del siglo XIX, polémicas y disputas enconadas en todas las poblaciones de Galicia, no en vano, la presencia del ferrocarril suponía un notable incremento en el nivel de vida de la zona beneficiada. Es por ello que los periódicos vigueses se esmerasen por ganar la batalla. Incluso, en 1861, cuando solamente se anunciaba públicamente la subasta de las obras de la línea férrea Vigo-Ourense, nacía en Vigo un periódico titulado El Ferrocarril. Este rotativo afronta la defensa de una línea férrea hacia Castilla y Portugal, aunque tampoco olvida la defensa del lazareto de San Simón frente a los intereses de otras ciudades gallegas. Por otro lado, la llegada del tren a la ciudad favorece enormemente el desarrollo urbanístico y económico. La ubicación de la estación al borde de la carretera de Ourense provoca un enorme crecimiento de la ciudad hacía el sureste. Son momentos en los que se abren calles que unen la estación de ferrocarril con el mismo puerto, no en vano, se necesitan facilitar el acceso entre ambos puntos estratégicos de la ciudad.