La Mirilla
24 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Tenían la diversión a la puerta casa, así es que el desfile de pamelas televisado interesó más bien poco en Cans que, por esas cosas del destino, también se vistió de corto el sábado. Tanto entusiasmo suscitó entre los 459 habitantes de la parroquia porriñesa el recién nacido Festival de Cortometrajes que casi nadie se acordó de la Boda del siglo. «Nos hicieron de teloneros», bromea Alfonso Pato, alma mater del certamen, que califica la experiencia de alucinante. Dice que no quieren hacerse falsas ilusiones, pero que el futuro del invento está garantizado. Tanto se contagió la fiebre festivalera que hasta los propios vecinos, hartos como están de moverse en tractores, no paraban de hacer viajes en los remolques. Será porque siempre coincidían con alguna cara conocida. De hecho Luis Tosar, Miguel de Lira, Victor Cotoye, Javier Krahe, Camila Bossa y Morris, entre otros, terminaron con esguinces de muñeca de tanto firmar autógrafos. Pepe Puime, uno de los conductores oficiales de chimpín, no daba a basto a trasladar a personajes locales y foráneos de sala en sala y, lo que es mejor, de casa en casa Y es que las viviendas de los lugañeros no sólo permanecieron de par en par, sino que no pararon de suministrar bebidas y viandas. Lo dicho, el entusiasmo no tenía límite. Las especiales características de las salas de proyección esconden algunas anecdotas curiosas. En una de ellas, que también hacía las veces de pocilga, alguién, en un descuido, dejó escapar de buena mañana al cerdo (el de la pocilga). Justo era el momento en el que los técnicos lo preparaban todo. Menos mal que estaban atentos porque si no se mastica los cables y el proyector. En otra de las salas, las risas llegaron con los coros de gallinas. Se proyectaba el corto Taxia , en el que se incluyen planos con gallinas cacareando. Las de verdad, que picoteaban a pocos metros, no se percataron de que era ficción y les dieron la réplica. Y entre proyección, proyección, actuaciones musicales y reparto de premios, la cerveza no paró de correr. Hasta 300 litros se trasegó el respetable. Y cuando todo se acabó, aún hubo una última cita. Todos a escuchar a Javier Krahe en el Liceum de O Porriño. No me extraña que ya estén pensando en el año que viene. Creo que hasta Michael Moore está dispuesto a cambiar el escenario de Cannes por este homónimo enxebre para concursar con sus historias (para no dormir) sobre Bush. Le esperamos. Si un rasgo caracterizó a la Marcha Mundial de las Mujeres, fue el desenfado con el que las manifestantes vistieron las reivindicaciones. Particularmente marchosas se revelaron las belgas. Como en Babel, había una gran mezcla de lenguas. Pero, a diferencia de los habitantes de aquella torre, en Vigo el entendimiento fue total. Por ejemplo, para que no hubiera problemas a la hora de corear la sarta de coplillas preparadas al efecto, se repartieron las letras. «Manolo, esta noche los huevos te los haces tú solo» fue una de las que más gustó. También quedó claro que se acabaron los papeles estándar: «mujeres somos, mujeres seremos, pero en casa no nos quedaremos». Y entre col y col, Ketama: «no estamos locas, que sabemos lo que queremos». Pues eso.