CONTRAPUNTO
30 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.DURANTE LOS años del hambre, muchos gallegos mitigaron sus necesidades alimenticias con los frutos del mar. El mejillón, la nécora o la centolla quitaban el hambre, como aún recuerdan quienes vivieron el inicio de la década de los cuarenta. Eran productos despreciados por el mercado, incluso por los estraperlistas que apuntalaron sus fortunas en el desalmado mercado negro. Mientras el aceite o el bacalao eran productos de superlujo, las ostras o el pulpo quedaban para los más desvaforecidos. Sesenta años después, la cosa ha cambiado tanto que el mar se reiría de quien fuera hambriento a pedirle ayuda. Y es que la cosa es para caerse de espalda. Ayer, el kilogramo de centollo de la ría estaba a 49 euros. Que se sepa, el centollo no es peligroso, ni anida en aguas revueltas, ni tan siquiera está en vías de extinción. ¡Y estos del gobierno preocupados por bajar los discos y los libros!