Crónicas Municipales
07 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.NA ASESORA de amplia melena entra en el despacho de la alcaldesa cuando ésta todavía se encuentra desmelenada: ha puesto en fila a todos los concejales socialistas y uno por uno les ha ido diciendo, a partir del primero, al que regala con un: -¡Demagoga! -ha dicho a la tanto tiempo eficaz portavoz, y ahora también diputada en el Congreso, es decir Sor Alegría. Y luego uno tras otro: -Y tú más. -Y tú demagogo al cubo -le dice a uno que tiene cuerpo menudo y todos identifican como El Principito Valiente , o sea, el jefe. Y es que La Esperanza Rubia no consiente ya que la tosan, ni siquiera que la carraspeeen, y menos ahora que es senadora, que es algo que viste mucho y, sobre todo, amplía la influencia política temporal más allá de contingencias a las que una no puede permanecer ajena. Una emoción, por ejemplo, que mande todo al infierno. Algo que subleva a La Esperanza Rubia es no poder hacer algo a lo que ya se había acostumbrado: desayunarse unos churritos en el despacho, después de tomar la lección a los suyos, confraternizando telefónicamente con alguien del gobierno amigo. Como ahora están en funciones, o sea buscándose chollo, es que no tienen tiempo para nadie... y menos para los de provincias, que generalmente no abren puertas al futuro. Pero todavía siente más que puedan venir tiempos difíciles, por no poder cumplir la ilusión de su vida: ella, como la Botella, querría escribir unas memorias sobre sus ocho años en la Alcaldía del Casco Vello. Y empieza a tener claro que seguro que ocho años no pasa en el puesto, da por hecho que quizá ni siquiera haya Alcaldía en el Barrio Histórico, con lo que a ella le ilusionaba... y además, a ver quién le escribe las memorias, si la que mejor escribe en la Corporación, que es Sor Alegría, no está con ella en el mejor momento de relaciones. Total, que lo tiene crudo. -Y encima -piensa en alto- los del PSOE intentando bloquearlo todo para que los míos y yo no podamos lucirnos. Su preocupación, la de La Esperanza Rubia, se centra especialmente en este instante en el bloqueo: Está empeñada en que El Principito Valiente y los suyos le bloquean todo. Sueña con ellos, tan sibilinamente bloqueadores, cogidos de la mano, cubriendo todo el ancho de la calle del Príncipe, sin dejar pasar las procesiones de Semana Santa. Y bloqueando la construcción de grandes torres, también conocidas como rascacielos, en la Gran Vía, en Beiramar y en Guixar, por lo menos. No saben hacer otra cosa que bloquear, se piensa. Incluso bloquean a los enviados de la Alcaldía que se disponen a llenar de flores todas las esquinas de la ciudad. -Me ponen de los pelos -dice la Alcaldesa a sus colaboradores más íntimos, que están precisamente para escuchar esas confidencias. Porque son unos destructivos. Bloquean por aquí, bloquean por allá. Hacen demagogia por este lado y demagogia por el otro. -Yo creo que hay que empezar a dejar las cosas claras -apunta el poderoso edil O León dos Valos -, debemos no solo demostrar, cosa que tú has hecho muy bien querida Alcaldesa, que estos son demagogos y obstruccionistas, sino que hay un modelo de concejal mejor. -¡Ya está! -interviene Como una Moto , el ágil concejal de Tráfico-. Hacemos una edición especial, fuera de plazo de los vigueses distinguidos, y concedemos el título a El de la Triste Figura , que tiene, como las cajas, el interés más desinteresado por la ciudad.