Inasequibles al desaliento

VIGO

IN VICUS | O |

02 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

MIÉRCOLES 26 de marzo, a eso de las nueve menos cuarto de la mañana, intento descender por Gran Vía, para acceder a la autopista y tengo que esperar veinte minutos para poder alcanzar el cruce con Urzáiz. Tres policías locales, incapaces de regular el tráfico observan con impotencia como los vehículos avanzan utilizando la táctica del «apártate que allá voy». No me queda otra que reconocer la previsión de los responsables de la constructora del aparcamiento de Urzáiz que se dedican a trabajar en el punto más conflictivo cuando está más congestionado. Jueves 27, a la misma hora del día anterior, salgo de la ciudad por la autopista y cual no será mi sorpresa al ver detenida una larga hilera de vehículos en dirección contraria. Es tal la aglomeración que la fila llega a la desviación del aeropuerto. Me descubro ante el preclaro gestor al que se le ha ocurrido asfaltar los accesos a la ciudad a esas horas de la mañana, justo a hora punta. Miércoles 31, ocho de la tarde, tras hacer una gestión en la Travesía de Vigo me dirijo a la calle Aragón para esquivar el tráfico de la primera, ignorando que tendría que soportar treinta minutos de espera antes de acceder a Martínez Garrido. Cual no sería mi sorpresa al comprobar que las retenciones se habían originado a la altura de la Estación de Autobuses por estar cortado un carril en cada uno de los sentidos. Está claro que, a pesar de la relajación en la persecución del aparcamiento en doble fila, la absoluta falta de control en la reducción de carriles utilizables, las inexplicables e intolerables demoras en las obras y la ineficaz gestión de nuestro Ayuntamiento, los conductores vigueses somos inasequibles al desaliento.