Sólo una primavera lluviosa puede librar a la ciudad de la sequía, tras el invierno cálido y con escasas precipitaciones, algo por otra parte, bastante general en la última década. Los meteorólogos confían en que los próximos meses puedan compensar la sequía del pasado invierno, e incluso del otoño, etapa en la que llovió un 25% menos de lo habitual en esas fechas. De hecho, febrero fue uno de los meses más secos de la historia de Galicia. El período anticiclónico que generalmente se prolonga durante una semana en febrero, en esta ocasión se mantuvo durante casi veinte días. Según los datos del Centro Meteorológico Territorial desde hace hace once años no se producía una situación similar. En lo que se refiere al mes actual, la ciudad suele contar con temperaturas altas y pocas precipitaciones, al menos en la última década, en la que ha sido habitual encontrar temperaturas máximas por encima de los veinte grados. Los expertos desconocen si esta tendencia se debe a un ciclo normal o si tiene relación con el calentamiento del planeta.