Cuatro de la tarde de ayer. Decenas de turistas curiosean en A Pedra entre los puestos del mercadillo y las tiendas tipo bazar que dominan la zona. Las ostreras aguantan estoicas el viento frío de un día soleado, mientras contemplan el ir y venir de los visitantes. Y al fondo de la calle, una gran sorpresa para ellos: las oficina de turismo del Concello y la Xunta están cerradas a cal y canto. Una pareja llegada de Castellón, previo paso por Madrid y León, no da crédito: «Es increíble: llegas de un viaje tan largo y te dan con la puerta en las narices», explica el varón, Carlos. Dos días antes, el jueves, el puesto estaba abierto. Allí atendía una sonrisa grande como un mundo. Entraban y salían turistas, encantados ante el derroche de amabilidad. Pero la sonrisa tiene derecho al descanso, aunque nadie la sustituya. Para un grupo de jóvenes asturianos la situación «es la leche». «El fin de semana es cuando podemos venir. No lo entiendo», critica un gijonés ante la oficina cerrada.