CRÍTICA MUSICAL
26 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LA AMBICIÓN de poder, la injusticia sobre el pueblo oprimido o la guerra son temas que se desarrollan gracias a la milagrosa estructuración músico dramática de la ópera de Verdi. Una obra donde su autor profundiza en los sentimientos de los europeos. Nabucco es un radiante canto de esperanza, un no a la guerra y un si a la convivencia de los pueblos. Es un si al amor como motor de la historia y como sentimiento contra el odio. Verdi es grande, por su música, como genio observador de la naturaleza humana, y terriblemente contemporáneo. Nabucco es prueba de ello. Inteligente la versión y puesta en escena de la ópera Estatal de Bulgaria que pudimos disfrutar en Vigo. La espectacular Abigail de Silvia Sorina Munteanu será inolvidable. Ofreció una impecable lección de dramatismo, con voz prodigiosa, ancha en la zona centro, de infarto sus filados, sus pianisimos en los agudos, una emisión controlada, eficaz, de proyección segura. El papel de Nabucco fue asumido con generosidad por un Roman Mayboroda de voz amplia, potente, cálida y muy bien modulada, sin problema en las zonas de paso, enérgica ante el dramatismo. También destacó Kaludov, en el papel de Ismael, Panchev en un potente Zacarías y Zhelezova que asumió la frágil Fenena con muchísima dignidad. El coro engrandeció la puesta en escena y huyó de las situaciones ridículas, y musicalmente llegó a un nivel altísimo. Momento mágico se produjo en Va pensiero , auténtico himno de la libertad, bien cantado, expresivo y emocionado. La escenografía fue sencilla pero con clase, el uso de las luces un tanto extraño, un movimiento escénico estático y un vestuario rico. Todo se desarrolló con profesionalidad, de la orquesta no hablo, por compañerismo y respeto. Lo importante es que disfrutamos de un espectáculo de equilibrado nivel y que deseamos más visitas de este tipo de compañías, el público de Vigo se lo merece y Verdi también.