Sentido y medida

La Voz

VIGO

RAPACES | O |

24 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

RACHAS predemocráticas estremecen España. Tras la derrota electoral del PP, ondas y periódicos muestran relinchos de caballo desbocado, sabores rancios, hedor de letrinas, que creíamos lejanos. Transpiran electricidad estática; estallan en crujidos de sable, pistola y metralla; fluidos montaraces engrasando tuercas del pasado. Jamás he visto un periodo gobernado como lo hizo José María Aznar los últimos cuatro años. Parece un episodio del Antiguo Testamento. Dios de la ira para su pueblo, idolatrado por escribas y fariseos del engaño y el desprecio, cura chusquero para el paisanaje. Jamás conocí tanta degradación de la democracia como forma de regular la convivencia en el Estado, cada vez más sin el pueblo. Substituyendo la información por publicidad y propaganda. A veces con asuntos del terror, con partidos políticos, con la forma de organizar el Estado. Con el Régimen. Con la Constitución. Alguien habrá pensado que la defienden tanto porque les permitió gobernar así sus últimos años. Rapto de las competencias controladoras del Parlamento. Humillación de la Ley. Apropiación de la Justicia. Vacas locas. Prestige. Invasión de Iraq. Crispación nacional. Sin papeles. Muertas por maltrato... ¿Accidentes?, ¿gafes?, ¿mala gestión?, ¿capacidad para generar problemas?, ¿coincidencia?, ¿burocracia?, ¿ineptitud?, ¿voluntad de Dios? No supieron ni quisieron ni pudieron gestionar acaeceres no cotidianos en la vida de un Estado. Su canto de cisne «¡Maldito pueblo por robarnos votos de nuestra propiedad!», será acallado por españoles y resto de europeos. Todos podemos sentir alguna vez la cercanía viscosa de la muerte, la tristeza sin fondo de nuestra desaparición inmediata del mundo conocido y vivido, amado y sufrido. Casi siempre desde la enfermedad; alguna vez por accidente, sólo uno definitivo. La mano de Dios, si la hay, tendrá más importante quehacer que una sola vida. Aznar debe estar enfermo, el PP también y buena parte de sus personajes más visibles. Que aprovechen tan amarga travesía; necesitamos personas sanas, como Ana Pastor aún hoy. Aquí no nos sobra nadie útil. Los Boss de la cuestión, gente con sentido y medida, darán órdenes precisas para que la cosa vaya sin sobresaltos... No vayamos a perder la democracia por falta de uso. Necesitamos reavivarla con avidez. Tanto como hacer el amor. josemveiga@terra.es