IN VICUS | O |
19 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.CUANDO apenas ha pasado una semana desde los acontecimientos del jueves negro y, cuando todavía no nos hemos recuperado del primer impacto emocional provocado por la locura asesina de los terroristas, tenemos que enfrentarnos a una nueva realidad, cuyas desconocidas consecuencias pueden marcar para bien o para mal nuestro futuro. El inesperado resultado electoral ha decepcionado a aquellos que ya se frotaban las manos antes de la consulta y ha sorprendido, hasta el desconcierto, a aquellos cuyas expectativas se han abierto de forma inusitada, complicando el difícil panorama político de nuestra ciudad. Por una parte, el ejercicio del poder de la Señora Alcaldesa puede verse seriamente perjudicado al perder, el que ya se daba por cierto, apoyo del gobierno de la nación. Por otra parte, el censurado Señor Mariño, tras el fracaso en sus maniobras por hacerse con el control de alguno de los núcleos de poder más importantes de la ciudad, aguarda impaciente a que los vencedores de los comicios puedan ayudarle. Y, entre tanto movimiento de piezas, a derecha e izquierda, los proyectos prometidos a Vigo duermen en el «limbo» a la espera de lo que va a ocurrir. Los políticos viven ajenos a los vigueses y sus necesidades. Entre los que continúan utilizando la demagogia para obtener un protagonismo que nos les corresponde, aquellos a los que no se deja avanzar y otros que no se atreven, corremos el riesgo de volver a caer en la parálisis del debate yla incertidumbre. ¡Y no podemos permitírnoslo! Esta ciudad no sólo precisa de gente que trabaje sino de personas que sepan dejar al margen sus rivalidades políticas y personales para gestionar y gobernar.