El túnel

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

06 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTO no es por la campaña electoral, túnel del que pronto saldremos, y que para algunos es túnel de los horrores y para otros, túnel de la risa. O túnel de las sorpresas, que no sé si existe en las ferias de atracciones, pero suele montarse en las políticas. Le llamo túnel porque ya no le puedo llamar arco, pues de aquello que fue ha quedado un grotesco residuo: no una ruina, que tiene dignidad, sino un cutre collage de chapuza, imprevisión y negligencia. El arco de Quirós, singular paso fronterizo entre el Vigo moderno y el viejo, fenece en el hedor de los orines y en vergonzante oscuridad, tras haberse demolido el edificio bajo el que se encontraba. No era el túnel del amor, del que cantaba Bruce Springsteen no sé que cosas, y poco caso se le hacía desde las alturas que administran, se supone, los ungüentos para restañar heridas y devolverles los colores a los rincones de la urbe que se van mustiando con el paso del tiempo. Y de la gente, que hay gente cuyo pasar deja huellas que valen por décadas. No, no se le hacían muchos arrumacos al arco de Quirós, que en paz descanse. Alguna vez se limpiaba un poquito y se le ponían unas luces que enseguida destrozaban los sin seso, y sin lo otro, que andan por la calle. Pero desde que se echó a los inquilinos de los bajos, que mantenían unas tiendas curiosas y pintorescas, se tiró la casa y se pergeñó un apaño de planchas y vigas que da miedo verlo, el túnel se ha ido al carajo. Mingitorio a cualquier hora, sin luz alguna que guíe en la noche al navegante entre los orines, se convertirá, sin duda, en la temporada turística, en uno de esos lugares definitorios de la ciudad para un forastero. De los nativos no hablo, pues ¿quién nos hace caso? closadafernandez@yahoo.es