Vigo, en ruta hacia Santiago

José Antonio R. Ferreras VIGO

VIGO

M. MORALEJO

Reportaje | Las vías hacia el Apóstol Las pruebas aportadas por los Amigos de los Pazos sobre la influencia del municipio olívico en las peregrinaciones del Año Santo dejan muy poco lugar a las dudas

23 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

La aportación más trascendente de Vigo al Camino de Santiago no se debe a sus hospitales y al trato de enfermos en ellos recibido, aunque el detalle del caldo especial que allí se preparaba es de por sí muy destacable sin duda. Esto, desde luego, estaba en consonancia con lo a gusto que se sentía en la ciudad el peregrino Albani. Tanto lo estaba que plantó en ella residencia durante dos meses. Esta aportación magnífica, por otra parte, no está referida ni siquiera en concreto al Camino Portugués, sino al Camino, o mejor dicho, a los Caminos de Santiago en su conjunto. Es debida a la Asociación de los Amigos de los Pazos y consistió en la carta entregada personalmente en el Parlamento del Consejo de Europa y en la que solicitaba que el Camino fuera reconocido como bien cultural común de Europa. Tal carta, si mis datos son correctos, está datada el 10 de marzo de 1.982, apareciendo reflejado su texto como anexo en el informe sobre el Camino de Santiago y los demás itinerarios europeos de peregrinación presentado en la Asamblea Parlamentaria del Consejo el 28 de marzo de 1984. Una petición historica Amén de la citada, éstas son las demandas que en dicha misiva se especificaban: el reconocimiento del Camino como tal bien en razón de la riqueza de su patrimonio artístico, de los valores espirituales que encarna y de constituir uno de los primeros elementos de comunicación entre las naciones europeas; recomendar a los Estados miembros la restauración de los monumentos y, finalmente, el promover y potenciar la realización de estudios e investigaciones sobre el mismo, así como difundir los valores que encarna. ¿Puede considerarse casualidad que a partir de este momento se desencadenaran a nivel de Consejo de Europa una serie de acciones que desembocaran en el reconocimiento del Camino como bien cultural europeo y, posteriormente, como patrimonio cultural de la humanidad? No lo creo. En cualquier caso, la aportación viguesa de la Asociación presidida por López-Chaves aportó no un grano, sino un verdadero montón de tales con este objetivo. Un camino por descubrir La aportación de los Amigos de los Pazos no se limita a la citada solicitud ante la UE, puesto que ha protagonizado asimismo infinidad de intervenciones, actuaciones y acciones relacionadas directamente y, ya más en concreto, con el Camino Portugués: encuentros sobre el mismo con intervención de señaladas personalidades implicadas en el tema, publicaciones como la titulada precisamente El Camino Portugués y en la que se incluyen el texto de unos de los libros más significativos de peregrinos, como es el de Confalonieri, y el del diario de una de las peregrinaciones vividas por los miembros de la Asociación. La ruta de Confalonieri La ruta emprendida, señala López-Chaves, es en esencia la seguida por el citado Confalonieri, admitiendo algunos matices diferenciales, que no largos en número. Como en los viejos tiempos de peregrinantes, el traslado a Tui se efectúa por barca, tomando Valença como puerto de embarque. Se abandona la ciudad tudense rindiendo visita sobre la marcha a la emblemática iglesia de San Bartolomé para alcanzar una hora después el puente de As Febres, nominado así en recuerdo de las que allí mismo obligaron a San Telmo a interrumpir su peregrinación. Siguen por Porriño para ascender luego a la ermita de Santiaguiño del Monte, pasando al pie del palacio de Mos (hoy restaurado, que no entonces). A continuación, descenso hasta Redondela, donde se visitan sus dos iglesias de advocación apostólicas. En ruta ya hacia Soutomaior, hay desvío para conquistar la altura donde se asienta la Virgen de As Neves, feliz ella por dominar desde sus ermita todos los paisajes circundantes. Descanso (imagino, pues la subida es árdua y prolongada en distancia) y ya a Pontesampaio, para atravesar el histórico, legendario y bello puente fronterizo, dejando a un lado en el trayecto el castillo (al que no se alude) y, luego, la iglesia pequeña de Santiago de románico ocultado por retoques sin miramientos, aunque no lo fueran por voluntad maligna.