La Mirilla
16 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El fondo de armario de Isabel la Católica no tenía nada que envidiar al de la Presley. La única diferencia es que han tenido distintos diseñadores de cabecera. Entre otros atractivos, la Arribada ha permitido desempolvar las creaciones de los Roberto Verino del siglo XV. La aceptación es tal que ya hay una pasarela ad hoc . No sé si un día competirá con Cibeles o Gaudí, pero desde luego expectación ha suscitado mucha. Por cierto, que los diseñadores que presentan sus modelos en Madrid o Barcelona podrían aprender de sus tatara-tatarabuelos, para los que el número 38 (ya saben, la tiranía del tallaje) no era diferente del 23 o del 70. El único problema de nuestras antepasadas cuando iban de compras era decidirse entre el terciopelo verde o el marrón o entre el brocado plateado y el dorado. Alguna ventaja sí que tenía ser coetánea de Alonso Pinzón. En realidad en A Cañiza, pero a las flamantes misses gallegas no les quedó más remedio que rendirse a la tiranía de la que antes hablaba. Ya saben, el obligado 90-60-90. Tras mucho deliberar, el jurado decidió que la más bella era María Mundín. Curiosamente su título, Miss Galicia, es honorífico, ya que los cetros que pueden competir por el nacional y, si es el caso, por el universal, son los de Graciela Varela, Cristina Varela, Mónica Iglesias y Arancha Amoedo. La encargada de imponer la corona fue Verónica (triunfita amiga de Rosa para más señas), que también optó por un modelo de los de lucir tipo. Bueno, agarrados, que no es lo mismo. Corina Porro demostró el domigo en Valladares sus dotes danzantes con Eliseo Dacosta como pareja. Ya ven, no sólo de primeras piedras se vive en precampaña. Luego, pase lo que pase, bien podrá decir aquello de «que me quiten lo bailao». Pues sí. No es una mala mezcla. Fue la que eligió el abogado Nemesio Fernández Barxa para celebrar su cumpleaños. El pasado sábado sentó a la mesa a tantos invitados como años cumplía. La cita no fue en Lalín, como pudiera pensarse por aquello del menú, si no en Casa Fandiño (Allariz). Como tiene despacho abierto en Vigo y el Ourense, optó por reunir a los amigos a mitad de camino. Entre los que no faltaron estaban César Cunqueiro (quien recordó que en Allariz tuvo su primer destino como notario), el escultor Buciños, Antonio Quesada, Miguel Trigás, decano de los abogados gallegos; los magistrados José Ramón Godoy y Joaquín Armero, el doctor Veiga o los bodegueros Arsenio Pazos y José María Fonseca. Llegado el capítulo de los regalos hubo de todo, incluidos unos zapatos de cocodrilo, aunque los libros se llevaron la palma. No sé si también comieron cocido, lo que sé es que los corporativos vigueses del 79 echan de menos en el menú político de hoy el consenso que, dicen, presidía sus relaciones. Oído cocina.