La evahachemanía

La Voz

VIGO

CAPOTILLO

No hay diferencia. La persona se confunde con el personaje. Eva Hache es ella (sin aditivos ni conservantes) en el escenario y fuera de él. Tal vez ahí radica su éxito. Ayer (porque la actuación acabó de madrugada) dejó patente que su nombre tiene gancho. El Ensanche, la sala en la que actuó, tuvo que colgar el cartel de no hay entradas. La cita era a las 22.30, pero una hora antes el local ya estaba petao . Y lo mejor, creo, con un público bien heterogéneo, incluído el capítulo de edad. Con lo difícil que es interesar a quinceañeros y sexagenarios. Pues eso también lo borda. Llego con tiempo al camerino de Eva. Me la encuentro ante un suculento surtido de ibéricos. Está reponiendo fuerzas antes de enfrentarse al escenario. Mejor cena tranquila y luego hablamos, le digo. Hablamos en el descanso, contesta. Mientras Eva termina de cenar la sala termina de abarrotarse. En el local no cabe un espectador más. Es hora de apagar las luces y de que Miguel Lago haga de una vez las correspondientes presentaciones. Como la vida misma Eva domina el escenario desde el primer momento y se mete al público en el bolsillo en la segunda frase. Ahora ya sé su secreto. Sólo habla de lo que conoce muy bien. Los monólogos son retazos de su vida. Por ejemplo, sus macarrónicas traducciones de inglés no están hechas al tun-tun, como pudiera parecer. Se lo curró. Es licenciada en Filología inglesa. Su particular visión de profesiones como la de telefonista, camarera o usuaria habitual de la oficina de empleo tiene la misma base científica. Las ha vivido en sus carnes y sabe de qué está hablando. Pero su capacidad para improvisar no tiene menos mérito. Léase el ejemplo: durante la charla que mantuvimos entre monólogo y monólogo me cuenta que es la primera vez que actúa en Vigo y que su conocimiento de la ciudad es cero. -Esta tarde he dado un paseo, pero poca cosa. -¿Qué has visto? -Calles y edificios. -¿Y el mar? -Una esquinita en un cruce. Llegué a creer que era una leyenda urbana lo de que Vigo tiene mar. -Es que lo tenemos escondido. -Pues es una pena. -Pues sí. Le faltó tiempo para introducir en su siguiente monólogo un gag sobre lo cerrado que Vigo está al mar. Poco sabía Eva que iba a estar tan solicitada cuando un día, allá por el 89 abandonó su Segovia natal para ir a Madrid a triunfar. «Enseguida me dí cuenta de que todos los trabajos de triunfar estaban ocupados». Harta de contratos precarios, montó un espectáculo de cabaret con una amiga, Isa Romón, curiosamente viguesa. Luego todo vino rodado. La Paramount, La Noche... y Vigo. Qué más se puede pedir. Como he dicho, Eva Hache es muy Hache, pero si tuviera que elegir algún maestro ficharía a El Gran Wyoming o a Gila. Así cualquiera.