La Mirilla La presentación del libro de Magis Iglesias sobre la sucesión de Aznar propició una sorprendente sopa de siglas
19 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.No eran todos los que estaban, ni siquiera estaban todos los que son, pero la presentación del libro de Magis Iglesias La sucesión. La historia de cómo Aznar eligió a Mariano Rajoy , propició una melé de siglas para ver y escuchar a éste último cuando menos sorprendente. Como era su obligación (o casi), allí estaban Pablo Egerique, Corina Porro, Carlos Mantilla, Ramón Cortegoso, Alberto y Estanislao Durán, Martínez Herrera y hasta Chapela Seijo. Incluso Romay pasaba por allí. Lo dicho, se imponía presentar los respetos al jefe. No era el caso (supongo) de Manuel Soto, Miguel Barros, o Paco García. Su disculpa era saludar a Magis. Pero la que descolocó al auditorio fue la presencia de Anxo Quintana. Docenas de miradas se clavaron en su nuca, pero el jefe gallego del Bloque saludaba a diestra (sobre todo a diestra) y a zurda con gran desparpajo para, finalmente, acomodarse entre Romay y Soto. Estoy segura de que la lectura de tal presencia tiene una explicación más sencilla que cualquiera de las maldades que están pensando. En casa La que se sentía como en casa era Magis. Normal. En Vigo están sus raíces y aquí se planta en cuanto tiene oportunidad. Lo primero que hace en cuanto llega es detenerse a mirar el mar. «Esto es una delicia y, además, están los amigos». En eso tiene razón. Ya metida en harina, contó que Rajoy le dijo off the record en cierta ocasión que si la sucesión salía mal, desaparecería del mapa la generación de políticos en ejercicio, además de que el pase a la oposición estaba garantizado. Aprovechó ayer la periodista para preguntarle si pensba lo mismo tras haber sido él el elegido. «Le responderé dentro de ocho años». Gallega, gallega la respuesta.