ANTÍPODAS | O |
06 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.CONCERTÁRONSE a comer Ventura el Ciclón Mariño y el de la no luenga barba, Lois Embarullo Castrillo. Dio comienzo la pitanza no sin haber comprobado que los socios del barbado ya se habían embaulado la mitad del banquetillo. Mas quedaba suficiente para hincarle más de un diente y así pues, ambos sentaron. Llegó Lois malencarado y con modales difusos, lo que predispuso mal al ya primer comensal. Servido el aperitivo, los amigos de Castrillo saludaron a Ventura formando orquesta de grillos, lo que éste recibió apretando los carrillos. Púsose el vino en la mesa: el barbado masculló que no era de su gusto y al otro tiró el pocillo, que por poco no le dio. Al traerse el primer plato, lo agarró por el bordillo, y entero lo vació en uno de sus bolsillos, donde enseguida adquirió la solidez del ladrillo. Ante tal operación, de magia muy chabacana, perdió paciencia Mariño y de la mesa le echó, dejándole a pan y agua. Mas en lugar de mostrar humilde arrepentimiento, sacó el otro pecho al viento y mil denuestos tronó. Quedara Ventura tranquilo, solitario en su castillo, mientras fuera maquinaban el asalto pá rendirlo. Mesurado siguió el hombre paseándose por Vigo, y lo de parlamentar dejó para sus amigos. Fijóse el día y la hora y pendiente como estaba su poder de un solo hilo, marchó Mariño a otros lares. No le sentó a Castrillo que cruzara su rival el Padornelo y menos que despreciara el grelo. Teniendo aquí la cigala, la nécora y la centolla, se va Mariño a Segovia, clamó Lois, el de la rala. Y dijo el sagaz Castrillo: ¿Quién va a tener confianza en quien come cochinillo? Por cierto, ¿no les suena el estribillo? Rematando, que ya es tarde: Mariño perdió el sillón por culpa de un cochinillo y menosprecio al lacón. Y Castrillo, por bravucón, las uñas se come con fruición.