Des-Ventura

ARMANDO G. FREIRÍA

VIGO

CUARTO OSCURO | O |

04 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PROBLEMA de Vigo no es político, es personal. Lo primero consecuencia de lo segundo. No precisa, pues esta ciudad, tanto de acuerdos y pactos como de visitas a un psiquiatra y sesiones de terapia grupal, de momento en divanes individuales. El paciente Castrillo debiera someterse a psicoanálisis para adentrarse en las verdaderas razones que impiden, aún ahora y a tan convencido demócrata, asumir la pérdida del Gobierno Municipal y, en su frustración, castigar a la ciudad en la figura de su Alcalde negándole el pan y la sal. Le negó el saludo público en los albores del pacto, no acudió a la presentación del Gobierno Municipal ante los funcionarios y no asistió a múltiples reuniones previamente convocadas escenificando un absurdo distanciamiento del gobierno del que formaba parte. Será que todavía le cuesta pensar en un BNG con responsabilidades de gobierno. Para rematar el disparate, coincide con el PP en las votaciones para la elección del gerente de urbanismo - nunca se disputan cultura o asuntos sociales - y en la cuestión de confianza que expulsa a Mariño de la Alcaldía y otorgará ésta a la popular Corina Porro. Así, nacionalistas y españolistas -según acepción acuñada por el BN - ungidos en intereses que no se explican. Esquizofrénico. El paciente Mariño debiera, por su parte, someterse a hipnosis y aclararnos la génesis de su soberbia y altivez políticas, de un talante un tanto mesiánico que sólo aporta bisoñez para no entender que un golpe en la mesa sólo puede darlo o bien el presidente de un Consejo de Administración con el 51% de las acciones o el propietario de la compañía, nunca un Alcalde en minoría, en cuyo caso los comensales pueden levantarse de la mesa y dejarle solo. En un pleno, cuanto tus socios no secundan la propuesta, no cabe procesarlos por desacato. Respecto al empecinamiento del BNG en relación a que, salvo Mariño, cualquier otro candidato socialista le es válido para reeditar el pacto, me parece una injerencia arrogante. Ninguna organización puede tolerar que sea otra ajena quien le imponga a su líder. Este personalismo pretende negar la consideración del PSOE como órgano colegiado. Sí, como cabe suponer, las actuaciones de Mariño eran respaldadas por sus compañeros y el BNG rompe el pacto por desacuerdos políticos, cómo pretende apoyar el nombramiento de un nuevo alcalde que colaboró en el gobierno del antes destituido. Los nuevos dirigentes emergentes del PSOE y el BNG vigués reeditarán un pacto que, quizás, otorgue el bastón de mando a la segunda Alcaldesa de este mandato. A ver si entonces la Corporación está a la altura de lo que Vigo le demanda.