CRÍTICA MUSICAL
26 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.EL FESTIVAL Are More ha querido dar relevancia a la semana previa al día de santa Cecilia, patrona de la música, dando cabida a una variada muestra de los apartados musicales del festival: recitales vocales, música de cámara, medieval, barroca y la ópera para niños, apartado que su director artístico, Roberto Relova, quiere potenciar para crear afición en el publico infantil. Joan Pons, uno de los grandes de la escena operística mundial, constató su gran categoría de barítono verdiano, especialmente en las escenas teatrales, donde rubricó un recital de gran calado emocional, por su humano y vehemente canto. Otra gran voz, la de la inicialmente soprano -cada vez más metida en la cuerda de mezzosoprano- María José Montiel, logró emocionarnos y emocionarse, al recordar sus raíces gallegas y al homenajear a Montsalvatge, el último gran compositor español del siglo XX. Tuvo un acompañamiento de lujo desde el piano, con Luiz de Moura, de etérea y mórbida pulsación, que arropó a la hermosa y opulenta voz de Montiel en un recital de canciones brasileñas. Artista siempre refinada. Sensual, su «habanera» bizetiana. Uno de los grandes aciertos ha sido la inclusión de la integral de los Cuartetos de Mendelssohn, a cargo de The Eroica Quartet con instrumentos de época, que fueron ganando en intensidad a lo largo de tres excepcionales veladas, donde dejaron constancia de su rigor interpretativo, transparencia de texturas y comunicativa pasión por estas páginas, recientemente grabadas y alabadas por la critica más exigente. La otra gratísima sorpresa la ofreció el cuarteto de voces e instrumentistas femeninas de La Reverdie. Un viaje a través del tiempo, que nos descubre las raíces celtas del Amor Cortés. Pocas veces se puede escuchar tal rigor, afinación y variedad de colores en los diferentes acompañamientos instrumentales. Es curioso observar el raro magnetismo que esta música, tan antigua y moderna a la vez, ejerce sobre el público vigués. La gran apuesta por los niños volvía, en esta ocasión, de la mano de la ópera Brundibar , de Hans Krása, a cargo de la Orquesta y Coro de Juventudes Musicales de León, bajo la atenta batuta de Juan Luis García Díez. Escena austera y desnuda al servicio de una bella música, con un necesario mensaje antibelicista. Un canto de esperanza, que revela que la música es, en situaciones extremas, la mejor terapia para la supervivencia. «A veces la cultura es más necesaria que el pan», dijo Krása. Un festival que apuesta especialmente por el Barroco, coronó así la semana y celebró el día de santa Cecilia con una de las más prestigiosas formaciones: el Concerto Italiano fundado por Rinaldo Alessandrini. Para las páginas vocales sacras y profanas, en alternancia con los Concerti para cuerdas, de este bello monográfico sobre Vivaldi, una de las pocas contraltos, la excepcional Sara Mingardo, una de las más solicitadas cantantes del momento, regaló momentos de auténtica y sobria emoción, como raras veces se escucha. Como reza una de las máximas barrocas: «Che por molto variare, Natura é bella». También la Música cuanto más variada, más bella.