Los catalejos del futuro

La Voz

VIGO

Cuentos Municipales

22 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

y Cachamuíña han ido al mercado de la Piedra a localizar lo que buscan. Y lo han encontrado. Pero ¿habrá algo que no se localice allí? Sus excelentes dotes para vaticinar el futuro han topado dos escollos: no son capaces de determinar quién perderá la pelea por la alcaldía, si El Principito Valiente o El de la Triste Figura , ni tampoco se sienten con fuerzas para decir hasta dónde será capaz de llegar Fray Semáforo en su política de meter en cintura a los conductores vigueses. El ingenio que les han vendido tiene su encanto. Se trata de un juego de dos catalejos, conectados entre sí, cuyo uso requiere mirar por ambos a la vez hacia el horizonte. Cada uno de ellos ofrece una alternativa distinta de lo que puede suceder dentro de cinco, diez o quince años en un determinado ámbito o en relación a cierto asunto. Hay que programarlo inicialmente y sólo es válido para aclarar el futuro de una cuestión, o más bien los dos futuros posibles. No es como los políticos, que como es bien sabido valen para todo. Se van Martín Códax y Cachamuíña a la terraza del Concello para orientar los catalejos hacia el centro de la urbe y saber así, con más seguridad, qué será de nuestro tráfico dentro de cinco años. Les llama la atención que detrás de ellos van media docena de individuos con una pancarta en la que se lee: AUDASA. Piensan que el mundo está cambiando, que antes eran los usuarios de la A 9 los que se manifestaban, y ahora son los de la patronal. ¿Pedirán poder ejercer su derecho a no bajar los precios del peaje? Los indidivuos les aclaran que las siglas no siempre significan lo mismo. - Lo nuestro quiere decir Asociación de Usuarios Dañados por el Ayuntamiento... - SA, Sociedad Anónima, claro -dice Martín Códax . - No señor: Solitarios Automovilistas. Que Fray Semáforo nos ha dejado más solos que la una. Abandonas un momento el coche en doble fila, para comprar un preservativo o tomar una chiquita, y ¡zas, te quedas sin él! -Y ahora, añade otro de la comitiva, el tal Fray Semáforo, con esa cara de santurrón que pone, está dispuesto a que no podamos estar más de 120 minutos en la ORA. ¡Dónde se ha visto esto! Dentro de nada ni siquiera vamos a poder saltarnos un semáforo en rojo o girar a la izquierda en la Gran Vía, o dejar media hora el vehículo sobre la acera, o interrumpir con el coche el acceso a un estacionamiento público. Tanto orden hace aburrida la ciudad, la convierte en monótona... Algo así como si fuera el Concello. Martín Códax y Cachamuíña cruzan entre sí miradas de asombro. No obstante, dejan que aquellos individuos compartan con ellos la visión alternativa del futuro a través de los catalejos. ¡Las dos visiones del futuro coinciden! Vigo aparece, en cinco años, otra vez como antes, plagado de coches en doble fila, los automóviles subidos por las aceras o jugando a cazar al peatón en los pasos de cebra... Ni Fray Semáforo ni las arcas municipales han aguantado un esfuerzo continuado, han bajado la guardia un instante y los vigueses han vuelto al caos.