Un plan casi perfecto

VIGO

IN VICUS | O |

05 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

   EL SÁBADO hizo un buen día. El sol, aunque tímido, lució con cierta alegría tras dos días de temporal. Festivo y tranquilo invitaba a pasear con la familia por los pocos lugares que todavía se dedican al esparcimiento de los vigueses. Así que, con calma y disfrutando de una merecida tarde de descanso nos encaminamos hacia Las Avenidas con la sana intención de respirar un poco de aire de mar y, de paso, observar, durante un rato, la regata que tenía lugar en la ría. El plan, parecía perfecto y casi lo fue.     Y digo casi porque, como siempre, constatar las aberraciones del entorno urbano de la zona produce un agudo dolor en la boca del estómago. La enorme escultura en hierro oxidado que representa un nadador surgiendo de las entrañas de piedra del suelo en agónico gesto provoca una desazón totalmente inconveniente para el lugar que pretende dar la bienvenida tanto a los visitantes habituales como a los turistas.     No siendo suficiente esto, la estructura forrada de piedra, por describirla de alguna manera, que se encuentra al lado del «esforzado nadador», tiene un aspecto más propio de un búnker inexpugnable que el de una pequeña área de servicios.     La «estación marítima de la ría» no es sino una gélida, insulsa e incoherente construcción con una plataforma superior desde la cual se puede observar el mar pero que, paradójicamente, impide a los viandantes, a ras de suelo, ver algo que no sea su estructura.     El interior no es mucho mejor. El suelo está revestido de un material oscuro que nunca parece lo suficientemente limpio. Papeles, cajetillas, colillas e, incluso, latas de bebidas vacías se acumulan en las esquinas. La única luz natural que entra es la de las dos puertas, lo cual resulta insuficiente para aliviar la claustrofóbica sensación que da. El mobiliario de plástico blanco de la cafetería, quizás adecuado para exteriores, no invita a sentarse por muy cansado que se esté.     Parece mentira que ahora que se critica tanto el feismo del paisaje gallego nadie haya evitado que se asentase justo en uno de los lugares más bonitos de nuestra ciudad.