Reportaje Los funcionarios del Concello vigués permanecían ayer atónitos a la espera del saludo de sus nuevos jefes o del adiós de los destituidos. Calificaron lo acontencido de histórico
17 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.En la lonja del Concello dos conserjes se esfuerzan por aprender las nuevas competencias de los concejales del PSOE ante una fotocopia de la prensa del día. Lo mismo ha hecho el concejal Miguel Barros, quien a media mañana ya es capaz de recitar sus innumerables áreas. «En 35 años nunca he visto tal cosa, estoy encantada», comenta una funcionaria de Personal, refiriéndose a la ruptura del gobierno municipal. Otra trabajadora repasa su maquillaje en el departamento de Fiestas, a la espera de nuevas órdenes. Los funcionarios no ocultan su nerviosismo, se les cae el teléfono, no aciertan a poner en marcha el ordenador. El que no sólo lo ha puesto en marcha, sino que introduce los últimos datos del área de Cultura es Santiago Domínguez. El concejal del BNG tiene todo recogido en su despacho. Desconoce cuando llegará su sustituto del PSOE, pero, por si acaso, dice, «yo recojo y me voy en cinco minutos». Prefiere no inmortalizar el momento, «porque la situación ya es de por sí pintoresca como para perpetuarla en foto». Como él, su compañera de grupo, Olaia Fernández hace las maletas, nada más recibir el decreto de cese del alcalde. Un poco más tarde hace lo propio la que fue responsable de Fiestas (también del BNG), Margarida Molins. La concejala se queda pasmada cuando a la espera del ascensor y bolsa en mano se ve rodeada de cámaras. En un gesto de cortesía, Xosé Carlos Arias, ha decidido dar un margen y no aparecer hasta el lunes por su nuevo puesto de trabajo en Cultura, igual que María Luisa Graña en Hacienda. Los que sí aparecieron por Turismo-Comercio y Participación Ciudadana fueron respectivamente María Xosé Porteiro y Miguel Barros, mientras Lois Castrillo se despedía de Empleo. Al subir, el ascensor le obsequió con varias pintadas: «Por fin un alcalde con cojones», «BNG, fascistas, a la oposición». Castrillo, como acostumbra, mantuvo el tipo.