Las reflexiones utópicas del arquitecto José Antonio Martín Curty se inclinan por explanar la colina sagrada de Vigo (El Castro) y sobre ella colocar una réplica, a escala real, de la Acrópolis de Atenas, con los propileos, Partenón, Erecteión, e incluso, una escultura en bronce de Atenea Promacos. Esta visión desde la parte baja de la ciudad podría conseguir la inversión del proceso: que el caos se convirtierta en logos, y no al revés, como sucede en la actualidad, que el caos vence al logos. La financiación podría obtenerse, a su juicio, de los millones que se lleva el Celta. El también investigador opina que en Vigo se vive bajo el síndrome de Antonio Palacios, con la idea de que fue el paraíso perdido o la gran oportunidad. Según Curty, se tiende a pensar que todo lo que decía Palacios era la gran utopía viguesa. El arquitecto no está de acuerdo. Entiende que el Plan Palacios no sólo hubiera sido una utopía, sino un problema, teniendo en cuenta que acababa con el centro histórico de Vigo. Curty no niega que tuviera ideas buenas, pero piensa que tomar ese plan como referente quizás no fuera tan estupendo para la ciudad. En su opinión, la verdadera joya urbanística de Vigo es el Ensanche. Sobre otros temas actuales, como la ubicación del auditorio, tiene sus dudas, y del Museo Quiñones de León, asegura que está infravalorado.