ANTÍPODAS | O |
27 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LOS vigueses somos tacaños hasta para comprar el periódico. O en particular para eso. No me lo dicen las estadísticas, sino mis propios ojos: leemos la prensa en los bares. Ingerimos la consumición por la que pagamos y, gratis, la ración de noticias. Cierto que leer el periódico en los cafés es una vieja costumbre, decimonónica lo menos, pero en estas últimas décadas no he conocido ningún lugar donde tenga tantos adeptos. Y ninguno donde se les vea con la unción y la dedicación que aquí. En la barra de una cafetería, de seis clientes que estamos, cinco se hallan enfrascados en las páginas de algún periódico. Sólo yo me abstengo: no me han dejado ninguno. En el rato en el que me tomo un zumo y un par de pinchitos, mi vecino se ha leído dos páginas, dos ¡nada más! Lo ha hecho con tal delectación, concentración, devoción, que supongo que le quedarían memorizadas. Los que somos del oficio, en fin, vamos un poquito más ligeros. Pero da gusto ver lo que disfrutan y se entretienen estas personas con ese papel que, mañana, nadie leerá. No, desde luego, con esa intensidad. Los bares gallegos, en general, y vigueses, en especial, son grandes mantenedores de la prensa. Y del bienestar de sus clientes, que hacen un terapéutico paréntesis, olvidados de sí, inmersos en las trapatiestas de otros. Vamos, que no se puede uno quejar del servicio. Años ha era otro cantar. Mi padre, por ejemplo, en la que fuera su cafetería, sólo compraba un periódico. ¡Uno! Y los clientes accedían a él por riguroso turno. Había lista de espera controlada, creo, por los camareros. Los hosteleros de hoy, por suerte para nosotros, son de los pocos vigueses que no son tacaños. Al menos, en eso. Respecto a lo demás, no pondría yo la mano en el fuego. closadafernandez@yahoo.es