IN VICUS | O |

26 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

NO CREO en los milagros ya que considero que aquello que la ciencia no puede demostrar no tiene por qué ser algo inexplicable. Sin embargo esta máxima no es aplicable a la política, la cual, ya se sabe, como es «más» que una ciencia está inspirada por la «divinidad» de aquellos que ostentan el poder y, por lo tanto, genera fenómenos susceptibles de ser confundidos con los milagros. Es por ello que, aunque sólo hace cien días que han llegado a la alcaldía, nos atrevemos a hacer un balance prematuro sobre la actuación de la nueva Corporación Municipal de Vigo, permitiéndonos concluir que no se han producido los «milagros» esperados pero, que seguimos confiando en que ocurran. Vigo ha sufrido décadas de mala gestión por ignorancia, desidia y falta de consenso entre las fuerzas políticas. Nuestra ciudad padece el mal endémico de los políticos que se han dejado manipular por intereses ajenos al bien común. Y así sufrimos un caos urbanístico que, lejos de haber aprendido las lecciones del pasado repitelos mismos errores, primando la especulación y los intereses de las constructoras sobre el bienestar general. Un proyecto de Abrir Vigo al mar que no deja ver el mar. Una depuradora más contaminante que las propias aguas residuales que tiene que purificar. Decenas de obras que no hacen sino entorpecer la pesadilla del tráfico, etc. Ante semejante desastre es de ilusos esperar que todo pueda ser arreglado por la nueva corporación. Podemos exigir que los proyectos en marcha y los nuevos se desarrollen con honradez, dignidad y sentido común, pero borrar los errores del pasado no se soluciona ni con un milagro. Así que seamos realistas y dejemos que los políticos hagan su trabajo, tiempo habrá para juzgarlos.