Consecuencias de salir de casa

VIGO

OPINIÓN | O |

02 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SI OYES ruidos por todas partes, no hace falta que abras los ojos para saber que vuelves a estar en Vigo. Las vacaciones de verano, para miles de ciudadanos, no volverán hasta dentro de un año. Hacer turismo en la actualidad es un trabajo duro que además de dejar los bolsillos vacíos, conlleva grandes dosis de paciencia para aguantar la convivencia pacífica con masas humanas ataviadas de short y chanclas, colas para las actividades más peregrinas, y multitudes haciendo (y grabando) lo mismo en los puntos más supuestamente exóticos del planeta hasta que te cruzas con un paisano. Pero saliendo de Vigo lo primero que se nota es que la vida es posible sin dosis infernales de decibelios, que no es lo más natural apretar el cláxon cada tres minutos sea la hora del día o de la noche que sea, y que podría ser esta una ciudad mucho más agradable con solo adoptar ideas que funcionan más allá de nuestra Area Metropolitana. Lo que haría falta, a lo mejor, es que nuestros políticos levantaran la cabeza, separaran la nariz de la carpeta de informes y se dieran una vuelta por el mundo para ilustrarse en vez de mirarse siempre en el espejo de la Ría de Vigo que les devuelve una imagen tan perfecta como falsa de la realidad. Cuando no se es brillante (y a la vista está que a esta ciudad no le sobran los genios del urbanismo, ni de la manida calidad de vida), lo mejor es reconocerlo y tratar, al menos, de aprovechar lo bueno de otros lugares que se puede aplicar en una urbe tan áspera y empinada como esta. Para empezar: unas escaleras mecánicas, un ascensor o un metro funicular como los que hay en otros puntos de Europa, serían un feliz inicio de curso. Porfa.