Homenaje a Leri (y 3)

| PAULINO J. GARCÍA |

VIGO

LLORADO Antonio Nieto Figueroa (Leri): Te mantuvo en la organización del fútbol playero el aliento impagable de tu abnegada mujer, Milagros Molares, prematuramente extinta. El golpe brutal de su inesperada muerte te dejó maltrecho. Antonio Ramilo, el alcalde que quiso callarte, fue después presidente de los empresarios. Al comienzo de la transición democrática, un joven periodista dirigía el Gabinete de Prensa de la Administración Institucional de Servicios Socioprofesionales (AISS). El edificio había sido la Casa del Pueblo durante la II República; al consolidarse la democracia, fue devuelto a la UGT. En los años de plomo, una bomba colocada por los Grapo, en el hueco del ascensor, no trasladó al periodista al otro mundo de milagro. La onda expansiva le produjo rasguños en los brazos y en la cara, cuando trabajaba una mañana de sábado en su despacho. Ramilo no podía tolerar que un simple director de servicio tuviera la osadía de instar, en un artículo, a que negociaran empresarios y trabajadores. Por eso le incoó un expediente. El patrón provincial tenía potestad para castigarlo. Publicado en el diario El Pueblo Gallego, el comentario trataba de poner su granito de arena para evitar otra huelga eminente en el astillero Ascón. Guió más tarde el ínclito Ramilo a los empresarios gallegos. A regañadientes, unió a los del Norte y a los del Sur. Impuso temor y respeto. No obstante, el látigo de los sindicatos perdió la última partida en el tablero del ajedrez político. Tuvo que salir de la presidencia patronal gallega por la puerta falsa. Los empresarios perdieron a un bizarro luchador. En la memoria colectiva ha quedado grabada tu trayectoria política en letras de oro; es innegable que constituye uno de los mejores ejemplos de viguismo combativo y abnegado. Recibe, admirado Antonio, querido Leri, en el cielo vigués, mi desinteresada admiración.