«Ahora tienen esperanza»

Pilar Martínez VIGO

VIGO

Entrevista | Irene González La curiosidad por comprobar la situación real en este país sudamericano, principal motivo de su viaje a Brasil

11 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Antes de viajar a Brasil, el 3 de junio, Irene González dudaba de que el movimiento Sin Tierra fuera algo más que unas cuantas ideas utópicas sin visos de realidad; sin embargo, quince días después de volver, esta viguesa asegura que el proyecto ayuda realmente a recuperar la dignidad y el futuro a muchas de las personas más desfavorecidas de Brasil. -¿Qué le impulsó a involucrarse en este proyecto? -Parece que en el sistema democrático existe cada vez menos espacio para la participación. Además, me apetecía conocer este movimiento social, que creo que es, en este momento, de los más importantes. Por otra parte, sentía curiosidad por ver si realmente algo puede cambiar en Brasil estando Lula como presidente. -¿Cómo valoran, desde el movimiento Sin Tierra, la situación política actual? -Ahora al menos tienen esperanza, ven un futuro. De todas formas, ésta es una organización autónoma, y lo que consiguen es por su propia lucha. -¿Son muchas las personas integradas en la organización? -Aproximadamente hay 400.000 familias asentadas, lo que supone, por lo menos, millón y medio de personas. Todos están dispuestos a contarte su historia, en la que se repite la lucha y la dureza de la vida en las favelas. -¿Cómo se organizan? -Las decisiones son tomadas entre todos; una mayoría no es como aquí, del 51%, sino que buscan el consenso de más del 90%. Todo el mundo participa en las asambleas, incluso los niños de más de 12 años, y repiten las votaciones hasta lograr un acuerdo mayoritario. -¿Qué zonas visitaron? -Estuvimos en dos asentamientos, en dos situaciones muy distintas. Uno está en el suroeste, y ya lleva quince años funcionando; allí pasamos ocho días. El otro asentamiento está en el centro oeste y sólo lleva año y medio. Durante el tiempo que estuvimos hacíamos una vida similar a la suya, ya que comíamos con ellos y dormíamos en sus instalaciones.