A la caza del embalado

VIGO

IAGO MANEIRO

Testigo Directo | Así funciona el radar de la Policía Local El equipo no puede recoger las matrículas de los ciclomotores, y muchos circulan por encima de los cien kilómetros por hora

09 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«Acabo de llegar de la carretera del Cuvi y allí los coches no bajan de ciento veinte», comenta Manuel Rodríguez mientras nos recoge en el coche camuflado de la Policía Local que lleva el radar. La primera sorpresa es que el vehículo tiene ya la edad de jubilación. Según la Policía, el cambio de coche va a ser inminente. Rodríguez ingresó en la Policía Local en el año 1968. Ha visto pasar a una docena de alcaldes. Cuando entró en el cuerpo eran doscientos agentes y había 50 motoristas, muchos más que en la actualidad a pesar de que Vigo era una ciudad más pequeña. Enfilamos con el agente desde García Barbón hacia la avenida de Galicia y buscamos un lugar discreto en el que el sol no esté encarado con el vehículo. Si fuera así las fotografías no saldrían. Pasamos las Siete Torres y la Casa de los Misioneros de los Enfermos Pobres y aparcamos detrás de la parada del autobús en una recta. Manuel Rodríguez se baja y comienza a preparar el radar «voy a ponerlo a 71 kilómetros por hora, para dar un margen». En la Policía Local hay tres agentes que manejan el equipo. Pero ahora está Manuel solo porque uno está enfermo y el otro de vacaciones. El nombre del detector alemán que lleva el coche es significativo: Multanova 6F. Los agentes siempre conceden un margen de maniobra a los conductores. Aunque los límites suelen ser de 50 kilómetros por hora se programa el radar para que fiche a los vehículos que circulan bastante por encima de esa velocidad. La hora de los gallitos locos El radar ha detectado este verano coches circulando a 143 kilómetros por hora por la avenida de Citroen y a 135 por la avenida de Galicia. Otra de las vías que usa como circuito es la avenida de Europa, que lleva hasta Samil, donde se han registrado 133 kilómetros por hora y la carretera de la Universidad donde el ingenio ha marcado 126 kilómetros por hora. «Los sábados a las siete de la mañana son los momentos en que la gente circula a más velocidad», señala el agente. Lo malo del sistema es que si se circula muy rápido en paralelo se borran las fotos y tampoco pueden detectarse las matrículas de los ciclomotores. Son demasiado pequeñas y no se ven bien en la fotografía. «No entiendo como Tráfico ha autorizado unas matrículas tan pequeñas para los ciclomotores. Hay chavales que son como kamikazes. Trucan el motor del ciclomotor y se ponen a cien o ciento veinte kilómetros por hora», cuenta este experto policía, que añade «a ver si el rádar digital que nos van a traer este mes da mejor resultado». La caradura de los conductores no tiene límite. A pesar de que Manuel Rodríguez se ha bajado de su coche y se le ve bien en la avenida de Galicia llega un Seat Toledo e intenta aparcar delante de él en plena parada del autobús. Al mediodía impera la prudencia en la avenida de Galicia. Esa misma mañana Manuel ha sacado un carrete de 32 fotos en la bajada del Cuvi en apenas media hora. Pero a estas horas apenas hay corredores. Un Mercedes que circula muy rápido se percata a tiempo y frena. Ha logrado evitar el pitido y el disparo de la cámara. Cuando estamos comentando la jugada pasa una motocicleta de gran cilindrada como una exhalación. El conductor ha visto por el retrovisor el uniforme y cuando intenta frenar ya es tarde. «Ahora me estará insultando», dice con buen humor el policía. En lo que llevamos de año la Policía Local ya ha puesto 3.440 multas por exceso de velocidad. A lo largo de todo el año pasado se impusieron 3.813. En lo que llevamos del 2003 el número de denuncias por radar ha aumentado un 12%. Las multas normales oscilan entre 120 y 180 euros. No todos las aceptan y muchos recurren y piden que se les enseñe la fotografía. Pero en las imágenes está todo perfectamente consignado: día, lugar, hora. Los casos de conductores más temerarios, que cada vez son más frecuentes, son enviados a la Jefatura Provincial de Tráfico. A muchos les retiran el carné temporalmente para que escarmienten.