CONTRAPUNTO
05 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.SIGUE SIENDO el corazón de Vigo. Sus latidos marcan el ritmo del crecimiento de una parte primordial de la economía de la ciudad. En consecuencia, las apuestas del Puerto para poder competir con infraestructuras de otras latitudes son patentes. Las inversiones realizadas por la Autoridad Portuaria, más de veinticinco millones de euros, han dado a luz a las nuevas lonjas, de altura, marisco y bajura y grandes peces, en un plazo de cinco años. En una segunda fase de su plan de modernización y expansión, ha creado el terreno industrial preciso en zona portuaria para la instalación de industrias transformadoras y está a punto de cerrar el ciclo, al conseguir interesar a las grandes comercializadoras del sector pesquero para que ubiquen sus centros logísticos de distribución en la nueva plataforma del puerto seco de Salvaterra. En los próximos años el Puerto de Vigo puede jugar, además, un papel estelar en la configuración urbanística de la ciudad del siglo XXI. Son múltiples los proyectos en los que está vinculado. El Palacio de Congresos, el traslado de la cornisa de empresas frigoríficas de Beiramar, el muelle de cruceros, la posible cesión al Concello de la Estación Marítima, o, conjuntamente con la Zona Franca, la finalización del incomprendido Abrir Vigo al Mar, hacen imprescindible la recuperación de un diálogo institucional que nunca debió de haberse roto y que algunos, no se sabe en función de qué interés, ayudaron a malograr. Vigo es Vigo por su puerto. Zona Franca, Citroën, Barreras, Pescanova y una multitud de empresas señeras están aquí por su puerto. Vigo, los vigueses y el Puerto no pueden darse la espalda e ignorarse porque, un día no muy lejano, podríamos lamentarlo. Para regocijo de otros.