PERISCOPIO
02 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Nunca el suelo político municipal fue tierra firme. En Vigo el terremoto consistorial es constante. La quietud es una enfermedad contra la que la cosa pública local ha nacido inmune. Por ejemplo, hay quien está poniendo fecha para el crecimiento y engorde de la casa común socialista. En dos años (a lo sumo dos y medio), la militancia socialista se multiplicará. Regresarán hijos pródigos y se asentarán los hasta ahora «poco participativos». Es un pronóstico claro. Y lo emiten quienes, por otra parte, lo están deseando. Parece ser que las intenciones de los nuevos líderes locales han convencido a muchos indecisos. Pero, ¿qué pasa en el ayuntamiento? Pues que a falta de una normalización entre las relaciones socialistas y nacionalistas (el Bloque sigue aprovechando la mínima ocasión para demostrar la «debilidad» de sus socios), otro ex socialista, Manoel Soto, no deja de ofrecerse para garantizar «estabilidad». Sucede que, del no rotundo que los muchachos de Pérez Mariño esgrimía al inicio de su mandato, se ha pasado a un tomamos buena nota . No descarten, pues, que los votos del PSOE sea vean a medio plazo reforzados con dos manos alzadas más en los plenos. Soto, por otra parte, sigue contando con una buena relación personal con casi la mitad de los componentes del grupo municipal socialista. Les narro una curiosidad. Provocó la hilaridad del respetable un despiste de Xabier Toba, uno de los hombres fuertes del nacionalismo local. Protagonizaba la primera rueda de prensa a dúo con su colega socialista Xulio Calviño. Entre las bromas de los periodistas, llegaron los elogios mutuos hacia ese momento de unión que ambos vivían. Se trataba de presentar las molestas obras de la avenida de Citroën, donde se instalará en breve parte de la red de abastecimiento de agua. Pero en la entrada previa, el bueno de Toba dirigió su primer elogio hacia Calviño llamándole Julio, con «J». El otro respondió raudo: «Xulio, chámome Xulio». La cuestión se diluyó entre risas, las que provocó el acento castellano del estilete del Bloque para que el alcalde apure sus clases de gallego. Claro que la metedura de pata resultó ser con uno de los galegoparlantes del PSOE, como lo son Barros y Porteiro.