El estilo de las mulas

CRISTINA LOSADA

VIGO

ANTÍPODAS | O |

19 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

CUANDO voy a cierto edificio de despachos y oficinas, me acuerdo de Ginebra. Me tocó vivir en Ginebra una larga y dura temporada. Dura porque a pesar de que la ciudad resulta visualmente encantadora, con su lago, sus parques espléndidos, sus patos y cisnes, y sus barquitos, no es fácil vivir en ella cuando se tiene poco dinero y no se consigue un trabajo, que es lo que me pasó a mí. Me dirán que en todas partes es difícil vivir en tales condiciones, pero hay lugares donde uno encuentra nidos en los que guarecerse mientras dura el chaparrón. En Ginebra había que volar todo el tiempo. Yo no volaba como los demás, pobre patito feo, y entonces me fastidiaba sobremanera que los ginebrinos fueran tan corteses. Imagínense que están ustedes en una celda de castigo y que el carcelero les da suavemente los buenos días, les pide perdón por retrasarse un segundo en traerles la bazofia, les da las gracias por comerla y se deshace, en fin, en sonrisas. Pues en lugar de agradecerle al buen señor que le trate a uno bien, un mecanismo perverso hace que le odie. ¡Qué hipócritas! pensaba yo de los ginebrinos; egoístas, fríos como son, y se me presentan como angelitos. Ahora, cuando voy a ese edificio que decía, echo de menos a los ginebrinos y su cortesía. Licenciados a porrillo hay en esas oficinas, pero ninguno tiene nociones de lo que antes llamaban urbanidad. Jamás saludan, ni siquiera te miran: te condenan a la inexistencia. Yo tengo la teoría de que son maleducados por inseguridad y timidez, que les da apuro decir algo, no tienen mundo, los pobres. Pero hay quien piensa que son prototipos de un estilo vigués: el estilo de las mulas, con perdón de las mulas, el del lugar que no es aldea ni ciudad. closadafernandez@yahoo.es