Reportaje | Crisol de culturas en la calle del Príncipe Gente como Shaher, de Egipto, llega a Vigo en busca de amor, dinero o aventura
12 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?asear por la calle del Príncipe es moverse entre tantas culturas y países que poco menos que se puede hablar de la vuelta al mundo en ochenta minutos, o menos. Vendedores ambulantes, cantautores, músicos, caricaturistas, pintores... hacen su verano en el asfalto de la calle más chic de la ciudad. Algunos acaban de llegar, pero otros ya forman parte de la intrahistoria de Vigo desde hace meses o años. Como Shaher Abdel Nasser. Sus ojos vivarachos dejaron hace dos años la tranquilidad de Asuan, en Egipto, y se aclimataron a la frenética actividad de Vigo. «En Asuan el reloj es un complemento, se vive con más tranquilidad, se es feliz. En las grandes ciudades la gente no encuentra la felicidad». Shaher llegó como en las viejas historias, por amor. Está casado con una viguesa, a la que conoció vendiéndole souvenirs mientras ella hacía turismo por Egipto. A eso, a la venta de ropa y demás artículos, se dedican los dos en el Príncipe. Aunque él sigue echando de menos «los turistas americanos y alemanes, que son los que dejan grandes sumas de dinero». Puede conversar en castellano al mismo nivel que en árabe, alemán, francés e inglés. Y en las cinco lenguas se indigna «porque no encuentro trabajo, cuando cualquier persona que hable tantos idiomas puede ser recepcionista de hotel o camarero sin problemas». Pero, claro, «yo soy extranjero y además, árabe». Una agradable y permanente sonrisa se desdibuja cuando recuerda aquellos tres «horrorosos» meses que pasó en un astillero. «Tuve que aguantar el desprecio de quien me llamaba moro y me preguntaba cuántas mujeres tenía en mi harén». Demasiados prejuicios que, mezclados con los tópicos sobre Egipto, «las películas sobre momias son demasiado fantasiosas», preparan un cóctel tan agrio para Shaher como sosa le sabía la comida en los primeros meses. «En Egipto utilizamos muchas especias, nos gusta la comida picante, con un sabor fuerte; además, cocinamos con productos frescos, recién cogidos de las huertas». Así que adaptarse a una comida «sólo con sal y congelada» fue una de las peripecias de Shaher, que apunta una de sus recetas egipcias favoritas: el kebab de falael. Lleva alubias, perejil, harina y especias. Otra de las sorpresas que se llevó Shaher fue descubrir el componente erótico e incluso tabú de la danza del vientre o Al Rakas Al Sharky, su nombre egipcio. Allí, la danza del vientre es algo tan habitual que «se pone la mesa, se plancha o se trabaja en la oficina bailando. Es algo que echo de menos en Vigo».