¡Todos a clase!

La Voz

VIGO

Cuentos Municipales

02 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

que como político-lobo solitario es el que anda siempre más despierto, ha advertidio que algo raro trama El Principtio Valiente . Les ha convocado para la junta de portavoces a las siete de la mañana. -Éste no tiene la mirada tierna y tolerante que luce otras veces. El Principito mira ahora con ojos de ordeno y mando, dispuesto a juzgar de manera inapelable. La primera sorpresa ha sido encontrarse en la sala un pupitre escolar y una piezarra en la que se lee, repetido cien veces: «Acudiré a las reuniones de coordinación». Al lado, de rodillas, con los brazos abiertos y dos pesados diccionarios en las manos, uno de Xerais, otro de Galaxia, está el inefable Xavi el Duro . El castigado por haber convertido en motines lo que se quería que fueran maitines, masculla al entrar El Principito Valiente. -Españolista, que eres un españolista, ya lo ha dicho Camilo Nogueira. El Principito ha tomado un puntero que recuerda al de los viejos maestros. «Y ahora, todos a clase, todos a estudiar». O Compañeiro ha confirmado su impresión. El mensaje le ha sonado como aquel remoto «¡Se sienten, coño!», y ha pensado que otras cosas podrán faltar, pero de lo que no va a carecer esta Corporación será de autoridad. -Se trata de que demos ejemplo, que los portavoces apliquemos aquello de la formación continua, para que nos sigan los funcionarios y que actualicen día a día sus conocimientos e incluso hasta lo hagan los ciudadanos. Ya decía don Carlos, mi antecesor, que ésta tiende a ser la ciudad de la información, y no digo, como él decía, la ciudad del automóvil, porque con el lío entre Citroën y el Celta no quiero pronunciarme... También queremos que sea la ciudad de la formación y de la educación. Lo que dejó anonadados a los portavoces fue ver aparecer a las funcionarias de Normalización Lingüística, que entre parlamento y parlamento de El Principito le iban explicando los verbos en gallego. «Que aprovechen y le pulan también el castellano, sobre todo esa madrileñada de decir palante, que parece que en lugar de una autoridad está hablando Jorge Negrete», pensó O Compañeiro. -Tú -dice El Principito , dirigiéndose a El de la Triste Figura - aprenderás a vivir sin peana, y como prueba de humildad acudirás tres veces a la semana al despacho del jefe de la cosa portuaria, Palo al Agua , a hacerle una afectuosa exhibición de toque de maracas. Y para redondear, pasarás los fines de semana en la meseta, para lo que cruzarás necesariamente el Padornelo, que no te preocupes, que no es como el río Lethes o el Limia de la leyenda, que traspasar esa montaña no te hará perder la memoria de la galleguidad. Antes de que se pudiera dirigir a La Esperanza Rubia , que como casi todas las esperanzas está en la oposición, ella intervino rauda. - Principito , no estoy obligada a obedecer todas tus disposiciones... Bueno, además es que no tengo tiempo para estudiar más. Voy a hacer dos master por el bien de Vigo: uno en la Diputación y otro aquí, en mi partido, que es uno de mis próximos destinos. Mientras hablaba La Esperanza Rubia , a O Compañeiro se le ocurría malévolamente imaginarla en el partido, recibiendo lecciones de su responsable local, al propio tiempo El Delegado de la Bien Pagá. «¿La pe con la pe?», pregunta el tal Delegado , y responde ágil: «PP». Entretenido con sus propios pensamientos, apenas escuchó a El Principito Valiente poniéndole tarea. -Y tú, O Compañeiro, ¿qué te voy a decir a tí, si sabe más el diablo por viejo que por diablo? Y no te des por aludido por ninguno de los dos conceptos. El tuyo es un problema de contención. Estaba O Compañeiro dispuesto a saltar, ofendido por las interpretaciones que cabría hacer de la contención, cuando El Principito Valiente completó su idea. -Tu mayor esfuerzo vas a tener que dedicarlo a la contención de tu nuevo compañero, O Rei da Nécora . Al fondo, Xavi el Duro sonreía, ignorante de que para él también había encomienda. Ante su negativa a acudir a las reuniones de coordinación de la mañana, con un humeante café delante, con la disculpa de que él ya tomaba café antes, a las siete, a El Principito Valiente no se le ocurrió nada mejor que averiguar dónde hacía su primera consumición, para acompañarle allí a diario, pegadito a él como una lapa. Martín Códax , que contemplaba desde una esquina lo que ocurría, resumió lo que pensaba. -¡Carallo para los aparentemente agnósticos! Cómo se aprovechan de eso de que a quien madruga Dios le ayuda. Uno toma café a las siete, el Jefe empieza las visitas a la ciudad a las siete y media y convoca reuniones a las siete. Estos, si llegan a ser católicos practicantes, empezarían entusiasmados el trabajo del día después de la cena de la jornada anterior. Está visto que yo disfruto de mejor turno en Citroën. Martín Códax se encontró en Queta Hilton, la cafetería del Concello, a Cachamuíña , que quería hacerle una confidencia: El Principito ya ha amenazado una vez con la moción de confianza.