LA DRAGA | O |
23 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EL GARRAFÓN, o sea la bebida alcohólica de mala calidad, es como las meigas. Nadie ha visto una pero haberlas hailas. El garrafón se deja sentir al día siguiente, en ese domingo de resaca en el que la persona que ha salido se pregunta cómo puede estar tan mal si apenas bebió. Contra el garrafón, botellón. Es uno de los principales argumentos de los partidarios de beber en la calle con los amigos. Otra justificación importante es la carestía de las copas. A cuatro y cinco euros cada una, la paga merma más rápido que un cubito de hielo en una noche cálida. Con una botella de refresco de dos litros, una de whisky y una bolsa de hielos se sacan unas diez o doce copas por menos de 15 euros en total. Como se ve, el ahorro es importante. Además en el botellón se pueden fumar porros, cosa que en la mayoría de los locales no permiten, se elige la música que se quiere oir y se respira al aire libre sin aglomeraciones ni colas para llegar a la barra o al servicio. El problema es que el jardín se convierta en un inmenso meadero, que se rompan en mil pedazos los cristales de las botellas vacías y que la gente se pase de la raya, dejando, además, su mierda como regalo a los paseantes del domingo. A algunos les podría parecer bien que se instaurase aquí la Ley Antibotellón que rige en la Comunidad de Madrid. pero no tendría que hacer falta llegar a ese extremo si las personas que participan en el botellón se comportasen con civismo, sin molestar a los demás y sin hacer gala de actitudes violentas bajo los efectos euforizantes del alcohol y las drogas. Si la compostura se mantiene, todos los vigueses, incluidos los del botellón, saldremos ganando.