El día que Ventura hizo pleno al quince

VIGO

M. MORALEJO

Dos fornidos maceros coronados con penachos de plumas advertían de la solemnidad de la ceremonia de investidura del nuevo alcalde de Vigo. La sesión arrancó con un Agustín Arca más contento que unas pascuas, subiendo al estrado dando botes para presidir el acto en su condición de concejal de mayor edad. Tras Arca, los ediles electos el pasado 25 de mayo fueron saliendo a escena uno a uno. Primero los del PP, encabezados por Corina Porro _genio y figura hasta en la oposición_; después los del PSOE, liderados por un despistado Pérez Mariño que, por un instante, se fue con la oposición (¡vaya lapsus!). Acto seguido se sentaron los representantes del BNG precedidos por un Lois Castrillo en gris y rosa que parecía salido de un anuncio de Emidio Tucci. Y, finalmente, Manoel Soto, de merengue de pies a cabeza, hecho que sin duda repercutió en sus intervenciones, dulces en elogios al nuevo alcalde hasta el empalague. Una vez sentados, los elegidos tomaron posesión de sus cargos. Unos juraron, otros prometieron... todos con la misma rutina hasta que llegó el turno de Lois Castrillo. El ex alcalde jugaba en casa. Buena parte del respetable que abarrotaba el auditorio del Concello estaba con él, así que cuando al texto ordinario le añadió, a modo de cosecha particular, su promesa de lealtad «a Vigo e a Galicia», la ovación se escuchó en el monte del Castro. Los siguientes concejales imitaron la fórmula de juramento de Castrillo, incluido Manoel Soto. Hubo que aplaudirlos, pero la cosa vino a menos. Apenas se oyó al otro lado de la puerta. En los discursos, Porro y Castrillo sucumbieron al estilo omilía para aburrir a la audiencia. Soto fue sorprendentemente breve, pero sólo la locuacidad de María Xoxé Porteiro arrancó aplausos. El agradecimiento del público sofocó a la concejala que acabó dándose aire con el abanico que compartía con una acalorada Belén Sío. Alcalde a mano alzada Llegados a este punto de la ceremonia, Arca conminó a los ediles a elegir al nuevo alcalde por el procedimiento ordinario, es decir, a mano alzada (nada más ordinario dadas las altas temperaturas en las que a esas alturas se cocía el auditorio municipal). Fue así como Ventura Pérez Mariño consiguió el pleno al quince (siete votos del BNG y ocho del PSOE, incluido el suyo propio) que le convirtió en alcalde de Vigo. Bastón de mando en mano, el hombre hasta entonces de gesto hierático se confesó emocionado. Sus primeras palabras fueron de agradecimiento (padres, esposa...militancia socialista). Luego, el alcalde sorprendió al auditorio con un discurso más propio de un miembro electo de la Real Academia de la Lengua, con citas del Quijote de Cervantes, de Churchill, de Adolfo Suárez, de Machado, de Celso Emilio Ferreiro y hasta del general Grant. «Otra forma de ser, otra forma de gobernar», ya lo decía su eslogan de la campaña electoral. Los nervios y los despistes hicieron que durante unos instantes Pérez Mariño se sentara con la oposición Bastón de mando en mano, el hombre de gesto hierático se confesó emocionado, y casi lo parecía