PERISCOPIO
13 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Nadie había dicho que fuera fácil. Pero tampoco se imaginaban algunas de las peculiaridades del curioso diálogo entre socialistas y nacionalistas. Hubo varias sorpresas en las sesiones de hotel. La primera, y la que más hizo abrir los ojos a los jerifaltes del PSOE, fue la exigencia de que se reconociese la «buena labor» de Castrillo. Nadie lo esperaba como cuestión previa. Pero salvado este dicharachero escollo, lo duro, lo realmente difícil, era conformar a los propios y a los socios con el reparto de áreas y parcelas de poder. El dichoso plan general Quintana y Touriño siguieron de cerca el diálogo (no de besugos) vigués. Lo hicieron a través del móvil. A última hora de la tarde del jueves, los comentarios eran la mar de curiosos. Uno decía que la cosa estaba muy malita. Otro, que el bodorrio era ya un hecho. Pero el dichoso plan general de urbanismo siguió dando que hablar. Tanto que se aplazó el condumio hasta un nuevo encuentro. Y así quedaron para ayer los abrazos. Pérez Mariño, desde la retaguardia, era partidario de no ceder ni un pelo al contrario, pero aceptó los consejos del partido que le cedió la cabecera de cartel y se plegó a negociar hasta la madrugada. ?n foros socialistas se habló mucho del síndrome de 1999. Era como si los negociadores del BNG (es especial Toba) llevasen tatuada la venganza en la frente. La sangre estuvo muy lejos de llegar al río, pero en ocasiones (léase los primeros días) los planteamientos iniciales les sacaron a más de uno los colores. Si las paredes del hotel tuvieran oídos, habría materia para un serial por capítulos. No lo descarten.