Castrillo y Mariño inician la recta final por la alcaldía a pullazos

VIGO

ÓSCAR VÁZQUEZ

El candidato del BNG llama recién llegado a su rival y el del PSOE le tilda de mal regidor Ambos políticos saben que habrán de pactar, pero suben el tono ante el empate de las encuestas

14 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?o es que sean Alfonso Guerra y Álvarez Cascos, pero ya se lanzan pullas. El estrecho margen de votos que separa a Castrillo y Pérez Mariño en el barómetro de La Voz les llevó ayer a cruzarse las primeras descalificaciones políticas. La alcaldía está en juego y sólo faltan diez días. «Leva tres anos na cidade e non a coñece», dijo el candidato del Bloque sobre su rival en un programa de Radio Voz. Castrillo dibujó la imagen de un recién llegado que no se entera de cómo es Vigo. También le dejó otros dos recados: uno, que él no oculta que va a gobernar con el PSOE; dos, que «algo que me extraña do señor Pérez Mariño é que parece avergonzarse da acción de goberno dos socialistas». Desastre El candidato del PSOE también se despachó en una entrevista emitida por la Televisión de Galicia. Ventura Pérez Mariño señaló que los últimos años de gobierno en Vigo han sido poco menos que un desastre y aseguró que Castrillo ha sido un mal alcalde. «Si pensase que lo ha hecho medianamente bien no me hubiese presentado a las elecciones», manifestó. Incluso apostilló que el nacionalista no ha sabido aglutinar. Como se ve, el tono está subiendo con alusiones bastante directas. Sin embargo, no es la primera vez que ambos políticos se mandan advertencias. Castrillo estuvo a partir un piñón con Príncipe durante y después de su defenestración en favor Mariño, al que ha encuadrado entre sectores conservadores. Éste advirtió la noche de la pegada electoral que él es un hombre de izquierdas y antes ya había dicho que el alcalde de Vigo tiene que viajar más a Madrid. Honradez A Castrillo no le han gustado demasiado las alusiones de Pérez Mariño a la honradez, de la que el abogado ha hecho bandera en esta campaña, prometiendo que la llevará al Ayuntamiento. Pero lo cierto es que pese a estos puntuales rifirrafes electorales, ambos saben que, a tenor de las encuestas, están condenados a entenderse y formar gobierno. Llegado el caso, habrá que comprobar cómo es su relación y en qué se parece a la que han mantenido el actual alcalde con Príncipe. Tanto Mariño como Castrillo pasan por ser hombres de talante tranquilo y dialogante, respetuosos en lo personal y nada viscerales en sus críticas, lo que augura capacidad de entendimiento. Sus últimos reproches parecen fruto de una escenificación. Sus números dos en las listas, Miguel Barros (PSOE) y Olaia Fernández (BNG) se han entendido a las mil maravillas en los debates en que han participado con populares e independientes. No es de extrañar que los candidatos hayan variado un tanto su estrategia en función de las encuestas. El Partido Popular está muy alejado de la mayoría (incluso del gobierno en posible coalición con Soto) y Sondaxe hablaba ayer de sólo 900 votos de diferencia entre ambos. Existe un precedente: en las municipales de 1999, únicamente 1.800 papeletas separaron a Castrillo de Príncipe y al final supuso el sillón de la plaza do Rei.