ANTÍPODAS | O |
21 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LOS primeros turistas post-Prestige llegaron a las Cíes y se sorprendieron de que las playas y las aguas estuvieran tan limpias a primera vista. A mí no me ha sorprendido nada que se sorprendieran. Ya escribí aquí, en plena marea negra, que amigos de acá y acullá me llamaban convencidos de que en Vigo estábamos «hundidos bajo el chapapote», como tituló un periódico catalán refiriéndose a Galicia entera. Los grandes titulares, las imágenes de las televisiones, propagaron urbi et orbe tal idea, sin matices y sin excepciones. Y hasta nuestra ínclita concejalía de Turismo difundió aquel folleto, entre lo gore y el humor negro, presidido por las fotos de una cala de las Cíes pringada de fuel. La minúscula playa, la más afectada por el petróleo de toda la ría, se convirtió por mor del acaloramiento político, en la representativa de Vigo. Y eso a la vez que otra concejalía, del mismo ayuntamiento, proclamaba que nuestras playas estaban impecables e iban a pedir la bandera azul. La resaca del Prestige fue delirante. Cinco meses después del desastre, las predicciones apocalípticas con que entonces nos obsequiaron todos los que viven de la catástrofe o reviven con ella, han quedado en su sitio: el de las profecías incumplidas. Ni Galicia se ha hundido, como preveían el colega catalán y algunos más cercanos, ni el sector pesquero se ha ido al garete, ni la costa es un continuum de negrura. Y ahora resulta que en el sector turístico tampoco se ha notado el temido efecto Prestige. Aquí, cientos de personas han ido a las Cíes, algunos decididamente optimistas o saludablemente escépticos ante los agoreros, habían reservado plaza en el camping y, en fin, los hosteleros de la provincia están contentos; eso sí que es una sorpresa. closadafernandez@yahoo.es