El director de orquesta

| MIGUEL Á. RODRÍGUEZ |

VIGO

CONTRAPUNTO

21 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

GRADUADA cum laude en quejas varias, esta ciudad se especializó en combinar el lamento perenne con un absurdo bloqueo político sobre todo aquello que oliese a posible solución. Pese a la aparente evolución social y la tardía renovación de su clase dirigente, las contradicciones siguen marcando el devenir vigués. Por ejemplo, el municipio suspira por convertirse en el paraíso gallego de las ferias y congresos, pero acumula ocho eternos años de retraso en la puesta al día de su discretísimo palacio de Cotogrande. Somos el paradigma de la industria gallega, un pulmón para la economía del mundo mundial, pero seguimos pariendo los equipamientos con el cuentagotas de las comisiones de afectados. Los partidos son fieles a la Ley del Talión cuando se trata de aplicar en la oposición la misma moneda del «no» con que fueron recompensados durante su etapa de gobierno. Vigo se enfrenta ota vez a la elección de su director de orquesta, un empleado público que tiene como primera misión afinar un buen montón de instrumentos.