CUARTO OSCURO | O |
10 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.DADO el notable éxito de mi última crónica -me consta que fue leída por, al menos, tres personas y una de ellas no era familiar directo-,permítanme centrar la atención en el ámbito doméstico de esta guerra. Nunca antes el aleteo de una mariposa en el estado de Florida produjo tamaño terremoto en España (disculpas a los nacionalistas por no utilizar eufemismos acomplejados tales como nación, estado o similares). Me acongoja la guerra y la guerra contra la guerra. La primera porque mata y, la segunda, porque radicaliza, divide y, por consiguiente, amputa al menos la convivencia plural y democrática. Nos hemos dotado de un marco de relaciones amparadas por el derecho que garantiza la libertad y el respeto mutuo. Ha supuesto un gran y continuado esfuerzo, una conquista-no un regalo-por el que muchos perdieron la vida. Llegados aquí, el conflicto iraquí ha revivido la existencia de las dos Españas y, como citó Machado, una de ellas ha de helarte el corazón.Me declaro contundentemente contra esta guerra. Ahora bien, con igual claridad me posiciono contra quienes cobardemente utilizan la violencia en las manifestaciones, lanzan cócteles molotov contra las sedes del PP, impiden actos democráticos de sus representantes legítimos y, con ello, limitan sus libertades ideológicas y de expresión. También contra el policía que carga salvajemente contra una joven que demanda ayuda por teléfono, contra el vecino de esta ciudad que arrolla con su vehículo a dos muchachas en una concentración. A estas alturas del curso, no nos escuchamos -aún para discrepar-, nos agredimos. Quizás convengan unos versos de Miguel Hernández: Tristes guerras/si no es amor la empresa/tristes armas/si no son las palabras/tristes hombres/si no mueren de amor/tristes,tristes .