Después de casi cuatro siglos, la diócesis de Vigo abre hoy un proceso sinodal que, entre otras cuestiones, permitirá conocer las preocupaciones de los nuevos cristianos
05 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?oy es el pistoletazo de salida. Después de casi cuatro siglos (19 de abril de 1627), el Obispado de Vigo abre un proceso sinodal. Demasiado tiempo y demasiados cambios en la sociedad. José Diéguez ha considerado que es el momento de conocer qué asuntos preocupan a los cristianos del siglo XXI en su jurisdicción. Dice ser consciente de que la sociedad, en muchos aspectos, más que avanzar, corre, lo que obliga a las instituciones a evolucionar. Y la Iglesia no puede ser una excepción. Alberto Cuevas, uno de los dos vicarios del sínodo, compara a la Iglesia con un gran trasatlántico, que necesita tiempo y espacio para realizar cualquier maniobra. En eso están. En Vigo han decidido poner proa al futuro. Saben, y así lo hacen constar en un estudio encargado por el Obispado para preparar el sínodo, que conocer la realidad, tal como suena, es una misión imposible.Bien es cierto que dicho estudio, en el que se ha entrevistado a 2.000 personas utilizando rigurosas técnicas de investigación, ofrece una idea bastante aproximada de por dónde van los tiros.Para empezar se hace constar que se trata de una diócesis eminentemente urbana, lo que afecta a la cultura y a la vida religiosa. Tal vez esta circunstancia determine que para 851 de las 2.031 personas consultadas el fin de semana sea sinónimo de descanso, mientras que sólo para 22 quiere decir ir a misa. Entre una opción y otra las posibilidades son muchas: divertido (226), familiar (127) o aburrido (70). Otras opciones son fútbol (4) y desmadre (2). Más de cien calificativos Los entrevistados eligieron hasta 120 calificativos distintos para definir su concepto de Iglesia. Buena (210) se sitúa a la cabeza, seguida de reunión (137), casa de Dios (120) y negocio (96). También se la considera anticuada, aburrida, mala, innecesaria, refugio, rígida, acogedora, madre, secta, política o contradictoria. Para los impulsores del estudio ha debido de ser un tanto descorazonador descubrir que casi la mitad de los habitantes de la diócesis (algo más de medio millón de personas), no entiende lo que dicen los curas o tiene dificultades para ello. Sobre todo, si se tiene en cuenta que el cura es la figura cercana y visible de la Iglesia. Por cierto que esa cercanía no garantiza facilidad de entendimiento. Al menos eso se desprende del interrogante sobre la tolerancia de los curas. Sólo un 25% considera que lo son.Pero según el informe, lo que verdadermanete ha de preocupar a los dirigentes de la institución es que a la pregunta de sí la Iglesia ha cambiado a mejor tras el Vaticano II, prácticamente la mitad considera que no ha habido cambio alguno, y otro 10% ni siquiera se ha enterado de que hubo tal concilio. «Estos datos son muy serios y vale la pena llevar a cabo una interpretación que pueda descubrir cuáles son las causas de tal valoración», se explicita.Entre otras, está será una de las encomiendas del sínodo que hoy se pone en marcha y cuyos resultados no se conocerán hasta principios del año 2006. En definitiva, tres años de trabajo para intentar mover el trasatlántico.