En la actualidad asisten un total de 63 personas a las sesiones de terapia que imparte el equipo multidisciplinar del centro, de las que el 40 por ciento son menores
11 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando hace cinco años abrió sus puertas en Vigo la Asociación Cidadá para a Prevención da Violencia _Velázquez Moreno, 9_ no todo el mundo entendió sus movios. «Era políticamente incorrecto ofrecer ayuda a violentos y maltratadores», asegura la coordinadora del centro, Digna Iglesias. Y es que uno de los objetivos básicos que se fijaron sus fundadores es el tratamiento y la rehabilitación de conductas violentas. El paso del tiempo ha venido a demostrar que la iniciativa no hizo si no llenar un hueco imprescindible en este campo, esto es, tratar de romper la dolorosa y reiterativa cadena que suele implicar una situación de malos tratos, tanto en el entorno familiar como en el laboral o el social. Digna Iglesias explica que el principal handicap en la labor que desarrollan, al margen de la incomprensión inicial ya superada, es lograr la complicidad del maltratador. «Cuesta mucho que un violento reconozca que lo es», dice. Tal vez por eso las cifras que manejan no resultan espectaculares. En cinco años apenas ochenta personas han recibido tratamiento en el centro, si bien el número no deja de aumentar. «Con todo, cada uno que acude en demanda de ayuda representa un avance sustantivo por lo que significa de sensibilización y convencimiento personal», afirma la coordinadora. Condición En estos momentos son 63 las personas que acuden a sesiones de terapia, de las que el 40 por ciento son menores de edad. Sólo se impone una condición previa para recibir tratamiento: el interesado tiene que suprimir cualquier situación de violencia. En el supuesto de que después de iniciadas las sesiones se produzca algún nuevo episodio, se suspenderán de forma instantánea. Los usuarios llegan al centro por diferentes vías. Los mayores lo hacen por indicación de los servicios de atención primaria o salud mental. «Éstos últimos están desbordados y no pueden hacer terapias», señala Digna Iglesias. También funciona el boca a boca, aunque en menor medida. En el caso de los menores de edad _hasta los 14 años_ suelen ser derivados por los orientadores de los colegios, en tanto el tratamiento de jóvenes entre 14 y 18 años es producto de la colaboración con otras asociaciones o fundaciones, tales como Arela, Berce, Príncipe Felipe o las Trinitarias. Cambiar conductas no es una tarea fácil, por eso los tratamientos son largos. La experiencia está demostrando que al menos se necesita un año de trabajo para lograr avances significativos. Dependiendo de las necesidades de cada usuario, las sesiones tienen una periodicidad semanal o quincenal. De forma complementaria se presta ayuda al entorno familiar, cuyo concurso resulta vital a la hora de encauzar conductas, sobre todo en el caso de relaciones paternofiliares. Coincidencias Aunque no existe un usuario tipo, sí suelen darse una serie de coincidencias. La más común es que el agresor ha vivido situaciones de violencia, normalmente de niño, en el seno de su familia. También son habituales los problemas de celos o de inseguridad. La mayoría de los pacientes son hombres, con edades comprendidas entre los 40 y los 55 años.