Annus horribilis

ARMANDO G. FREIRÍA

VIGO

CUARTO OSCURO

02 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

EL 2002 HA SIDO para ETA su Gólgota particular, el vía crucis que, quiéranlo o no los asesinos culminará no en el martirio y la cruz sino en la cárcel y en el cumplimiento íntegro de las penas que para eso somos demócratas y la democracia, frente a quienes insensatamente pretenden imponer la sinrazón del asesinato y el miedo colectivo desde su vacío moral y ético ajeno al llanto y al dolor, se defiende con firmeza, con convicción en los valores que sustentan nuestro modelo de convivencia, desterrados los complejos de que autoridad y libertad son antagónicos. Cierto que nuestra Constitución establece la reinserción social como uno de los objetivos de la pena y puede aducirse que ello contraviene el intento del cumplimiento total de la misma para delitos de terrorismo, pero esto es una falacia. ¿Qué pretensión de resocializarse cabe aguardar de quienes proclaman su pertenencia a ETA y la necesidad de seguir matando?. Es más, ¿puede un estado democrático conculcar el derecho a la libertad individual imponiendo la medida de reinserción a un sujeto que no se arrepiente del delito?. La ilegalización de Batasuna, el mayor control de la kale borroka, la unidad de actuación del gobierno y los principales partidos a lo largo del 2002 han permitido, junto con la eficacia policial, la desarticulación de comandos, detención de terroristas, incautación de explosivos y armas en cifras hasta ahora desconocidas. Habrá más muertos-la bestia sigue con hambre- pero los vivos somos muchos más y tenemos la razón. La acción política y policial está siendo altamente resolutiva. Las causas de esta eficacia, estén en la colaboración internacional y en la dotación de mayores medios tecnológicos, en la infiltración en la banda o en cualesquiera otras razones tan sólo deben preocupar a los asesinos. A mi me basta con los resultados.