En el centro logístico de O Berbés, los marineros recitan los partes meteorológicos con la devoción de un padrenuestro porque ésta es una batalla contra los elementos
14 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.La preocupación de los marineros va y viene al antojo del viento, que un día sopla del Este y al día siguiente rola al Oeste, alejando y acercando la tragedia a la ría de Vigo. Cada mañana, los pescadores de la Cofradía de Vigo se reúnen en el centro logístico habilitado en una vieja sucursal de Caixanova, en O Berbés. Ayer había más gente que otros días porque la salida fue corta debido al mal estado de la mar. Sólo dos barcos de la cofradía salieron de mañana para reconocer la zona, por si nuevas manchas se acercaban a la ría viguesa. Tampoco en esta ocasión avistaron nada, aunque saben que está ahí y que es cuestión de horas o tal vez de suerte que llegue o que, una vez más pase de largo. «Nos reunimos aquí a eso de las ocho de la mañana, pero con esta mar, muchos ya marcharon para casa. Las previsiones siguen siendo malas y la flota de bajura, no siendo en la ría, por fuera no hay forma de hacer nada», afirma un marinero. Su estado de ánimo decae a medida que pasan los días. La rabia de los primeros momentos ahora es ya casi resignación. «¿Preocupados? Claro que estamos preocupados, porque no sabemos lo que va a venir, ni lo que va a durar», afirma un pescador en tierra. En previsión de lo que pueda suceder, el centro logística tiene almacenado material suficiente para vestir de pies a cabeza a un millar de voluntarios, con capacho y bolsa de comida incluida. «Por lo menos, si viene, que no nos coja como el primer día, sin tener material para darle a la gente, que tuvieron que ir para el mar de cualquier manera», cuentan. Las habitaciones de esta improvisada base de operaciones están repletas de muestras de solidaridad de los comercios y las empresas de la ciudad: fruta, bebidas, material sanitario para una emergencia, ropa de aguas, forros polares, mantas... Hasta los mostradores de lo que un día fue sucursal de Caixanova sigue llegando gente dispuesta a echar una mano. «¿Saldrán mañana los barcos?», pregunta un voluntario con ganas de aventura. «¡A ver neno, a ver para onde sopla o vento mañán!», responde con escepticismo un marinero curtido por las borrascas.