El fuel cae en la red

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JOSÉ A. BEIRO

El arrastrero Robin M. Lee de la flota de Pescanova salió ayer de nuevo al encuentro de la marea negra a unas 80 millas de la costa viguesa. Esta nave se ha unido desde principios de la semana a las tareas de limpieza y recogida de fuel faenando al suroeste de las Islas Cíes. Un barco de apoyo zarpó ayer del Club Náutico de Vigo con redes para equipar al pesquero.

13 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Las que venía utilizando la unidad hasta el momento, según se percataron sus capitanes, tenían una malla demasiado grande y el fuel se escurría, debilitando el efecto de recogida para el cual estaba diseñado el ingenio. La densidad del fuel y la gran dimensión de las redes dificultaba la permanencia del vertido dentro del copo. El Robin M. Lee fue provisto de una malla más fina. En Pescanova se está estudiando la posibilidad de aplicar un sistema de arrastre en pareja sobre las manchas del vertido, para lo cual la empresa utilizaría un segundo arrastrero. Igualmente, se está analizando la incorporación de contenedores de gran capacidad que posibiliten a esta barco el traslado del fuel a tierra para su posterior tratamiento. El Robin M. Lee es un arrastrero de 70 metros de eslora, 13 de manga y 3.000 caballos de potencia, que lleva una dotación de 22 hombres bajo el mando de los capitanes Portabales y Ribeiro. La nave se dedica habitualmente a la pesca del calamar en aguas de las Islas Malvinas (Atlántico sur, frente a las costas argentinas) y se encontraba en Vigo tras finalizar una marea. Por su parte, a mediodía del jueves un grupo de voluntarios de la facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Vigo, muchos de ellos becarios de un grupo de inevstigación del departamento de Geología Mariña, partían hacia las Islas Cíes con el propósito de seguir luchando contra la marea negra. En este caso, el objeto de la visita no era recoger fuel, sino instalar en el Lago dos Nenos una peculiar red de poliespán y esponja, construida por ellos mismos. La función de estas mallas es absorber la grasa que viaja con el vertido y que, al formar una película sobre el agua, impide el paso del oxígeno al fondo, ocasionando la muerte de la flora y de la fauna que habita en las aguas. De esta manera, el grupo trata de evitar que las colonias todavía vivas se deterioren, ya que de la conservación de estos reductos depende la futura regeneración del resto de las zonas afectadas por la marea negra y es tan o más importante que la limpieza. La idea de utilizar el poliespán y la esponja, según reconocen los propios participantes en esta iniciativa, no partió del grupo, sino de los marineros de O Grove, a los que pudieron ver empleando este sistema en una de las visitas que hicieron para colaborar en diferentes trabajos. Para construir las redes fueron necesarias una treinta personas, que trabajaron siguiendo las instrucciones de expertos rederos de la zona. Grupos más reducidos, de diez o doce integrantes, se desplazaron a las Islas Cíes para realizar la instalación, un proceso complicado para el que se precisa que la marea esté baja, decidir los puntos de anclaje e introducirse en el agua para para conseguir colocar los elementos.