«A fin de mes se compraba marisco, porque lo caro era la carne o el pollo»

La Voz

VIGO

23 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Antonio Giráldez Lomba es profesor de Historia en el Instituto Ricardo Mella. Nació en Vigo en el 63 y le apasiona descubrir y contar lo que ocurría en la ciudad en tiempos pretéritos. Se le ocurrió escribir Sobrevivir en los años del hambre en Vigo porque tenía muchos testimonios y referencias de la época por un trabajo anterior que había realizado sobre la Guerra Civil. -Parece que aquí se vivió de una forma mucho más intensa el hambre que la propia guerra, ¿no? -Es que en Vigo la guerra se vivió más bien poco, una semana bien aprovechadita. La España de Franco y de los nacionales, y por tanto de las restricciones, para nosotros ya comenzó en el 36. -¿Se sufrió menos que en otras ciudades? -Sí, siempre que hay campo o mar, como es el caso, la cosa es distinta. Hablar de Vigo es también hablar de pueblos y ahí hay huertas o tierras de crianza y una despensa natural. En las zonas rurales se vivió menos el hambre. En el casco urbano fue lo peor, había que echar mano de la cartilla para salir adelante o ser de una familia importante. -La gente se las apañaba con los medios que tenía a su alrededor. -En Candeán, por ejemplo, la gente se sacaba unos duros vendiendo piñas en el monte. En Guixar se cogía mucho pescado y marisco, que estaba a la orden del día. La gente que no quería pasar por pobre lo hacía por la noche. Claro que también eran muy frecuente las infecciones intestinales, porque se repetía mucho. A fin de mes se compraba mucho marisco, porque era barato. Lo que era caro era la carne y el pollo. -¿Hubo muchos casos de estraperlo y contrabando? -Hay que distinguir lo del contrabando, que se trataba de pasar mercancías por la frontera sin controles aduaneros. Con los ferroviarios, por ejemplo, que conseguían ingresos extras. Buena parte del café llegaba a Vigo en tren. Lo traían en los depósitos de carbón y cisternas de agua, con lo cual a veces el tren tardaba más en llegar porque traía menos combustible. Un kilómetro antes de entrar en la estación de Vigo, los ferroviarios bajaban la ventanilla y le tiraban la mercancía a sus cómplices. Eso era diario. -Supongo que es partidario de salvar la panificadora. -Es un patrimonio histórico de la ciudad.