Los partidos cuestionaron el talante democrático de Javier Barreiro en una sesión en la que los grupos EdeG y PSOE abandonaron la sala
01 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«Estou seguro de que si puidera, vostede cesaba á oposición», le dijo Euloxio Leites al alcalde en un momento de la sesión plenaria celebrada el jueves en Moaña. «Posiblemente, sí», respondió Barreiro, sonriendo. Hasta entonces, el pleno se desarrollaba con cierta normalidad. Intervino Xosé Manuel Millán: «Prefiero velo como está, feito un pequeno gamberrete, que coa cara que tiña estes últimos meses». Ya más serio, el portavoz nacionalista acusó a los delegados de las distintas áreas de actuar como «títeres» del alcalde al no someter los asuntos que se van a tratar en pleno al dictamen previo de la correspondiente comisión. «O BNG non vai votar a favor desde punto en protesta polo desprezo sistemático que está tendo vostede con esta corporación», añadió el portavoz nacionalista No le gustaron a Barreiro las críticas de Millán: «Vostede é un impresentable. Trata de desvirtuar todo o que se fai aquí. Non lle vou consentir que insulte ós membros do equipo de goberno». El alcalde fue más allá aún en sus reproches: «Xa sei por que están cabreados, porque non convoco á comisión de portavoces. O único que lles interesa e cobrar as cinco mil pesetas por asistencia». Insultos Fue a partir de aquí cuando el pleno se convirtió en un cruce de insultos. Xosé Manuel Millán llamó a Barreiro ignorante y sinvergüenza. Leites le propuso que cambiase el reglamento municipal y suprimiese el cobro por asistencia a comisiones. A continuación le adviertió que él seguiría acudiendo a diario en el ayuntamiento para controlar la gestión municipal. Julio Martínez, que permanecía en silencio, como si la discusión no fuese con él, rompió a hablar, muy excitado: «Esto es un espectáculo patético. Llevamos una hora y no hablamos aún de un puto tema». El concejal socialista exigió al alcalde, a gritos, que regulase la sesión. La discusión se generalizó. Durante varios minutos, hablaron todos a la vez. «Sinverguenza», decían unos. «Espectáculo patético», insistía una y otra vez Julio Martínez. «A miña dignidade non ma mancha vostede», gritaba Leites. «Si esto é o que nos espera nestes oito meses, díganmo», añadía el edil del PSOE. Su compañero de partido, José Luis Leite, sacó entonces a relucir los sueldos del alcalde, de su secretario y del concejal Currás. «Vostedes viven do Concello, nós, do noso traballo». dijo. «Si cre que vimos ás comisións é ós plenos a cobrar, propóñolle que modifique o regulamento», repitió Euloxio Leites. «Vostede insinuou que son como un delincuente, por asistir ás comisións só para cobrar. Non lle recoñezo altura ética nin moral suficiente para lanzar esas acusacións.», añadió. Barreiro decidió ahondar aún más en la brecha abierta. Acusó a Leites de aceptar el canon que le corresponde a cada grupo municipal a pesar de que su partido, EdeG, ya no existe. El concejal se puso en pie: «Sinvergüenza», le dijo al alcalde. «Non és digno deste pobo», añadió.