Porque corriendo nos salvan la vida

| ALBERTO VÁZQUEZ FERNÁNDEZ |

VIGO

ANTES DE NADA querría hacer constar que no trabajo en ningún servicio de urgencias de esta ciudad, pero que conozco de cerca a las personas que todos los días se juegan la vida para salvar la de los demás. Escribo en contestación a la carta de María Yolanda Rodríguez Abraldes sobre el accidente en el que se vió implicada una ambulancia el 12 de agosto. Es cierto que los trabajadores de este sector no lo hacen desinteresadamente, puesto que las empresas tienen una finalidad y todos debemos ganarnos las habichuelas de alguna manera. Ayudar a una persona malherida o qeu sufre una enfermedad grave puede considerarse como uno de los trabajos más dignos. Por la maldad e ironía que utiliza María Yolanda, entiendo que no conoce a ninguno de estos Carlos Sáinz (como los denomina ella), esos que durante 24 horas, los 365 días del año, se dedican a evacuar y trasladar a personas cuya vida está en peligro. El fortuito suceso ocurrido en la avenida de A Florida se produjo, según la policía local, cuando un turismo realizaba un giro a la izquierda y un vehículo de urgencias circulaba con carácter prioritario, que indicaba su posición con destellos y señales acústicas. Los vehículos en servicio de urgencia, públicos o privados, tendrán prioridad de paso sobre los demás vehículos y otros usuarios de la vía, pudiendo incluso circular por encima de los límites de velocidad. Me gustaría recordarle que el listillo (no acierto a entender porqué lo denomina así) que conducía dicha ambulancia está desde las 18.00 horas de ese mismos día en la UCI de Povisa debatiéndose entre la vida y la muerte. Su mujer y sus dos hijos todavía no saben si podrá recuperarse de las graves heridas que padece. Pero tanto ellos como el que suscribe sí sabemos que el accidente se produjo cuando se dirigía a auxiliar a una persona que bien podría ser un familiar querido de nuestra amiga María Yolanda. Quizás ella sea una de esas personas que increpan e incluso agreden a los del servicio de emergencias cuando llegan tarde a alguna urgencia. Quizás sea de esa clase de conductores que circulan con orejeras, la música a todo trapo o por el carril izquierdo, esos que no ven no escuchan o no se apartan cuando un vehículo prioritario circula con carácter de urgencia en auxilio de una vida humana. María Yolanda tampoco debe saber que cinco minutos antes de una parada cardiorrespiratoria las posibilidades de sobrevivir se reducen considerablemente. Por todo ello, y porque corriendo nos salvan la vida, y mañana puede ser la suya, María Yolanda, ánimo Oliveira.