Mondariz, nostálgico

Sandra Alfaya redac.vigo@lavoz.es

VIGO

IAGO MANEIRO

El Día dos Oficios Artesanos pretende rendir homenaje al trabajo realizado por las manos expertas de los «cesteiros»

05 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Mondariz, de gala E l pasado fin de semana, Mondariz se vistió de gala para rendir homenaje a los célebres y populares «cesteiros», de gran arraigo en el municipio, en el «Día dos Oficios Artesanos». La asociación Castromao en colaboración con el Concello, organizaba esta singular fiesta, que este año contó con un presupuesto de seis mil euros, el triple que en ediciones pasadas. El sábado por la tarde una veintena de puestos con diferentes artesanías ocupaban las calles de Mondariz y los visitantes, que eran muchos, también pudieron asistir al espectáculo de los payasos «Malabaranda». Después el teatro y la cuentacuentos, Patricia Vázquez, amenizaron el acto hasta bien entrada la noche. Origen Los estudiosos señalan que los «cesteiros» de Mondariz son tan antiguos como sus famosos manantiales. Ubicados en los barrios de Sesteiro y Cernadela, gozaron de un auge importante por tierras ourensanas del Ribeiro, desde donde se demandaban grandes cantidades de cestos para la vendimia. Con la aparición del plástico la industria popular de los «cesteiros» sufrió una gran crisis lo que le llevó a dirigir su producción hacia los mercados locales. Lenguaje La singularidad de su oficio les hizo acreedores de un cierto aire de superioridad con relación a otros obreros y, junto con canteros o afiladores, crearon un lenguaje propio para comunicarse entre sí. Este vocabulario se compone de una serie de voces tomadas de otras lenguas o, incluso, inventadas. De esta manera, el aguardiente era la «bornia», una mujer preñada pasaba a denominarse «arova añada», la guardia civil se convertía en la «baldarrapua», la «coifa» era la cama y los «carolas» los curas. En un bar pedían «chumo» por vino y no se ponían calzoncillos sino «contranquilos». Así, pretendían diferenciarse del resto de artesanos y burlarse con retranca sin ser descubiertos por su «víctima». Siglo XXI Actualmente, son muchas las dificultades para ejercer este oficio. Cristina Corredoira aprendió a hacer cestos hace doce años en un cursillo. Afirma que la elaboración es muy sencilla, pero las materias primas, que se importan de Indonesia, son caras. El mimbre y la caña son materiales complementarios. Un kilo de materia prima cuesta cerca de 25 euros y esa es la cantidad exacta que se precisa para la construcción de un cesto de mediana capacidad, además de dos horas de trabajo artesanal. Más artesanía Además de cestería, la feria recogía las obras de zapateros, canteros, trabajadores del cuero y curiosidades gastronómicas. El domingo las palilleras y los alfareros, se convirtieron en los protagonistas del día. Por la tarde, el «XV Festival da Muiñeira» cerraba dos días de nostalgia y recuerdos para aquellos que vieron como el progreso acababa con el trabajo echo a mano.